Álvaro Esteve: "A veces toco, pero no pienso. Toca mi memoria muscular"

20 de noviembre de 2025 a las 08:00h
Actualización: 2 de diciembre de 2025 a las 12:04h
Álvaro Esteve, justo después de la entrevista con Cultura B. Foto: Joanna Chichelnitzky

Guarda esta noticia en mi perfil

Guarda esta noticia en mi perfil

Comparte la noticia

Una manera fácil y manida, y todo un clásico del periodismo, sería decir que Álvaro Esteve es una especie de Messi del piano. Pero seguramente sería un recurso demasiado sencillo, y también pretencioso e injusto para él. Esteve tiene actualmente 14 años y es un joven talento del piano. Vive en Ciudad Meridiana, en el distrito de Nou Barris de Barcelona, y entrevistarlo supone descubrir a un adolescente que tiene este instrumento musical en el centro de su vida. Cuando se explica, combina dosis de timidez y de seguridad que generan un muy buen equilibrio. Todo ello, bajo la atenta mirada de unos padres entregados a la pasión de su hijo.

Pudiste dar los primeros pasos en el mundo del piano gracias a un programa que la Fundación Maria Canals y la Fundación Jesús Serra hacían en barrios desfavorecidos. Esto fue cuando cursabas primero de Primaria. ¿Cómo recuerdas los inicios tocando este instrumento? Tenías seis años.
Mi tutora, en primero de Primaria, cuando trabajábamos, como yo acababa muy rápido y me ponía a molestar a mis compañeros, un día me dijo si quería tocar el piano. Y yo le dije que de acuerdo.

O sea que empezaste a tocar el piano para que dejaras de molestar a tus compañeros de clase…
Sí. Empecé en una escuela cercana a la mía, el Mestre Morera, un día a la semana por las tardes. Éramos dos alumnos. Entonces pasé al Allegretto, en Joanic. Allí tuve de profesora a Irina Pocheckina, la mujer de Stanislav Pochekin. Estuve allí dos años, y después fui a la Marshall, donde estuve muy poco.

¿Y cómo recuerdas el momento en que la profesora de la escuela tuvo la idea de que tocaras el piano?
Lo recuerdo un poco pesado [ríe]. Pero pensé: probemos.

Y más allá de este primer pensamiento, ¿te gustó enseguida?
A mí me gusta mucho tocar el piano. Me gustan las cosas que hago bien y, cuando veía que iba bien y progresaba, me iba gustando más. Después en casa compramos un piano digital pequeño y estudiaba hasta la hora de cenar.

O sea que una de las primeras cosas que hizo que el piano te gustara es que desde el principio te salió bien.
Sí, más o menos. Pero no me gusta solo porque tengo facilidad, sino porque es bonito, su sonoridad… Tiene muchísimas cosas.

Esteve, justo después de la entrevista con Cultura B. Foto: Joanna Chichelnitzky
Esteve, justo después de la entrevista con Cultura B. Foto: Joanna Chichelnitzky 

¿La sonoridad fue de las cosas que más te enganchó?
Cuando era pequeño no pensaba mucho en ello, eso es algo más reciente. Entonces me gustaba porque me desahogaba. Era como pasar el tiempo.

Por lo que dices, tocar el piano era como una vía de escape…
Sí, y a medida que iba creciendo me fui fijando más en lo que era el piano, su mecanismo…

Pronto tuviste una gran profesora, Irina Pochekina, que ya has citado antes. Desde muy pequeño estuviste acompañado de grandes profesionales. ¿Cómo vives el hecho de tener gente de primer nivel formándote? ¿Te presiona o te gusta?
Un poco las dos cosas. Tengo presión por tocar bien, pero me gusta porque sé que tengo un buen profesor o profesora. Estoy cómodo con ello. Siempre he tenido buenos profesores. El año pasado tuve uno no tan conocido, Fedor Veselov, que había estado con los grandes pianistas de Rusia.

El talento te ayuda, pero si no hay dedicación no conseguirás lo que quieres

Supongo que una de las claves para aprender es pasárselo bien. Es importante disfrutar mientras tocas el piano.
Sí, me lo paso bien porque a veces toco, pero no pienso. Toca mi memoria muscular, pero toca bien [sonríe]. Y hay veces que corro un poco sin querer porque me emociono. Hay pasajes preciosos que pueden ser rápidos, lentos… O incluso corales. Ahora estoy tocando el trío número 1 de Beethoven y hay un coral en medio que es precioso.

Es bonito cómo explicas estos momentos emocionantes. Eso debe reforzar mucho tu vínculo con la música.
Sí. Yo estoy muchas horas a la semana escuchando música en casa. Tengo una minicadena y unos 20 discos, y me los escucho casi todos. Algunos no porque hay compositores que no conozco y su música no me acaba de gustar, pero la mayoría sí.

Ahora decías que a veces tocas por memoria muscular, que te aceleras demasiado, que te emocionas… Son ejemplos de lo que vives tú. Pero, ¿cómo crees que vive la gente la música que haces cuando has hecho conciertos?
Normalmente, cuando toco estoy muy centrado en la pieza. Si hago una nota falsa, por ejemplo, y acaba el concierto y solo he hecho esta nota falsa, estoy todo el rato pensando en ello. Me digo a mí mismo: “¡Uy! Se pensarán que toco mal”.

Eso significa que eres muy perfeccionista.
Sí. Y creo que la gente se lo pasa bien en mis conciertos. Ya he hecho bastantes, y siempre me piden otra canción. El año pasado hice un bis, pero no sabía [ríe].

Ahora que dices eso de que la gente se lo pasa bien, ¿tú qué perfil de pianista te consideras?
Cuando estás al piano tienes que sentarte igual que si te sientas para comer. Las dos piernas en los pedales y a tocar. Un poco de expresión con el cuerpo sí, pero tampoco hacer muchas cosas, porque eso más bien es teatro.

Eres, por decirlo de alguna forma, de la escuela clásica.
Sí, supongo.

Volviendo a tu trayectoria, a los nueve años ya accediste a los estudios profesionales y enseguida te propusieron para el proyecto Esmuc Júnior. A eso se le llama ir deprisa. ¿Cómo recuerdas aquel momento?
Recuerdo que mi padre me dijo que tocaría en la Esmuc y yo entonces no sabía qué era. Sabía quién era Adolf Pla, que fue quien me dio clases. Fue una experiencia agradable. Y al final de cada curso te hacían hacer una encuesta donde tenías que decir qué querías mejorar, y yo dije que quería hacer lenguajes musicales.

Esteve, tocando el piano que hay en la plaza de Catalunya. Foto: Joanna Chichelnitzky
Esteve, tocando el piano que hay en la plaza de Catalunya. Foto: Joanna Chichelnitzky 

¿Notabas que necesitabas entender mejor todo lo que estabas aprendiendo?
Sí. Es interesante cuando analizas una obra a fondo, ya que no ves los porqués, pero sabes cómo hacerlo mejor, expresarte mejor, buscar el sentido de la frase… Y entonces todo queda más redondo.

En algunas actuaciones tuyas tienes la capacidad de hacer que lo que haces parezca fácil.
No… Yo en casa sobre todo estudio los pasajes que me cuestan más. Pero no pienso si es fácil o no. Estoy horas tocando y no hay ningún secreto más.

Ahora que lo dices, dedicas muchas horas al piano. Supongo que el esfuerzo y las horas son innegociables para seguir mejorando. El talento y ya está no te lleva a todas partes, ¿no?
Exacto. Si tienes talento, te ayuda, pero tampoco mucho. Si no hay dedicación, no conseguirás lo que quieres.

Mi ídolo es Daniel Barenboim. Y también Beethoven

Por lo que dices, a veces el talento puede ser un arma de doble filo.
Sí. De hecho, hace unos años estuve un verano sin tocar mucho y empeoré un poco. Yo me decía que ya era bueno… Y vi cómo empeoraba, cosa que hizo que me tuviera que volver a centrar.

Retomando el hilo de tu trayectoria, ¿hacia dónde crees que irá?
Quiero ir a la Esmuc. Y, aparte de pianista, quiero ser director de orquesta. Si tengo que hacer dos formaciones en la Esmuc, las haré. También quiero ir a Alemania, y antes creo que iré a Madrid, al Reina Sofía. Pero tengo claro que quiero ser pianista y director de orquesta e ir a la Esmuc.

Se te ve convencido y con ambición.
Sí, pero aún falta un poco. Ahora estoy en quinto y con 15 años no puedo entrar en la Esmuc. Es una lástima, porque si con 15 años tienes la capacidad de hacer algo, deberías poder hacerlo.

Tú ya te verías ahora, haciendo este salto.
Sí, porque el año que viene haré sexto y acabaré con 15 años.

Tendrás que tener un poco de paciencia…
Sí, aunque no tengo mucha…

Antes me decías que cuando estás en casa escuchas mucha música. Está claro que una buena parte de tu vida tiene que ver con el piano…
Sí, escucho música siempre que puedo y, cuando voy a la escuela o vengo aquí al conservatorio, también escucho música pop, por ejemplo. Reggaeton no, que no me gusta nada. Me gusta más la música de los 80 y 90.

¿Y te fijas en nombres históricos o actuales para tenerlos como referente? ¿Hay alguna grabación o artista que te hayan marcado?
Mi ídolo es Daniel Barenboim, y también Beethoven. Cuando descubrí a Daniel Barenboim experimenté el hecho de cómo algo te puede gustar, pero no sabes muy bien el porqué. Era como una especie de deseo.

Ahora que hablabas de cuando vas a la escuela, ¿te es sencillo compaginar tu formación de pianista con el día a día? Tus rutinas deben ser un poco diferentes del resto.
Cambia un poco. Cuando tengo deberes, evidentemente los tengo que hacer. Los hago en casa lo más rápido que puedo, pero bien hechos, y me voy a estudiar piano. Aunque algunas tardes no lo puedo hacer porque tengo muchos deberes o tengo que estudiar para exámenes.

¿Cuántas horas dedicas a estudiar piano?
Entre semana, unas dos horas diarias, y el fin de semana estudio por la mañana y por la tarde.

¿Y en la escuela cuál es la asignatura que más te gusta?
Sociales. Porque se me da bien…

Como el piano.
Exacto [ríe]. Y también porque tengo un profesor, Albert Serra, que da unas clases interesantes. Y él me tiene aprecio. Tengo 124 de coeficiente y mi madre le avisó. Él está un poco más centrado en mí para que no me aburra y esté activado. También me gusta Sociales porque disfruto mucho con la geografía. La historia no tanto, pero también. De pequeño recuerdo que tenía una aplicación de móvil para aprender las capitales y las banderas de los países.

Para ir terminando, te quería preguntar sobre tu barrio, Ciudad Meridiana, en el distrito de Nou Barris de Barcelona. Al principio decíamos que todo empezó porque tú eres de allí. ¿Qué representa para ti tu barrio?
Ciudad Meridiana es un barrio bonito, pero a veces también se viven episodios que no son buenos. Si hablamos de música, hay poca cosa… Está la escuela Vozes, donde se dan clases de guitarra y violín.

Por lo tanto, seguramente sin el proyecto de la Fundación Maria Canals tú no estarías donde estás ahora…
Sí, creo que se puede decir que he tenido suerte. Todo fue gracias a mi profesora de la escuela y a la beca que Maria Canals da cada año.

También escucho música de los 80 y 90. Reggaeton no, que no me gusta nada

¿Las veces que has actuado en Nou Barris han sido especiales?
Para mí todos los conciertos son iguales. Al fin y al cabo, se trata de tocar lo mejor posible e intentar no equivocarse. Pero no es aquello de decir “Oh, estoy en casa”. Eso lo siento cuando estoy en casa solo estudiando en mi habitación.

Ahora que decías que el panorama musical en Ciudad Meridiana es casi inexistente, ¿en un futuro te gustaría implicarte en algún proyecto musical en el barrio?
Pues ahora que lo comentas sí, y tanto. Cuando sea mayor estaría encantado de sacar adelante una iniciativa así. Podría ser una escuela, aunque fuera muy pequeña. Y si sirviera para sacarle una sonrisa a un niño o una niña, sería fantástico.

Para completar esta entrevista hablamos con Bernat Padrosa, el director de la escuela de música y artes escénicas Trémolo.

Cuando hablamos de Álvaro, ¿de qué tipo de pianista estamos hablando?
Si el foco lo ponemos en la escuela, Álvaro es el alumno que más ha destacado tanto en la escala de precocidad como también en la de trabajo. Lo mejor de él no es que tenga muchas cualidades, más o menos innatas, sino que es un alumno que trabaja mucho y estudia fuerte. Y eso hace que esté evolucionando muy rápido. Si ponemos el foco en Cataluña, un indicador quizás es el programa para jóvenes pianistas de la Esmuc, y él era uno de los más pequeños. Por lo tanto, aquí tienes otro indicador. Podríamos decir que en el ámbito catalán está en el Top 10, por decir algún titular. Entonces, si miramos a España o a Europa ya es otra historia. Lo más importante es que le gusta, se dedica a ello y que hay un talento que debemos cuidar.

Precisamente lo comentábamos con él, que más allá del talento las horas de estudio son fundamentales.
Sí, él no se está apoyando en su talento.

Es interesante eso que dices, porque antes me decía que hubo un verano que se apoyó un poco y notó cómo empeoraba.
Exacto. Evidentemente que también llegarán momentos en los que tocará divertirse con otras cosas, salir… Pero todo es compatible.

¿Y cómo es el hecho de gestionar a alguien como Álvaro, que a pesar de ser muy joven ya ha ganado premios importantes?
Pues se tiene que gestionar como si no hubiera ganado ninguno, como un alumno normal. Lo que tenemos que intentar es que él tenga retos musicales. Y respecto a lo que se hace con él y no con otros alumnos, pues por ejemplo hace unos meses nos reunimos con sus padres para intentar un par o tres de conciertos que les organizamos desde aquí. O pasarlo del tercer curso de lenguaje al quinto directamente.

Bernat Padrosa: “Lo mejor de Álvaro no son las cualidades innatas, sino que trabaja mucho y estudia fuerte”

Vosotros apostáis por un aprendizaje muy centrado en el perfil del alumno y su realidad como músico. En el caso de Álvaro, ¿esto qué significa?
Nosotros vemos que es un alumno que necesita retos. Ahora, por ejemplo, con su profesor de piano lo hemos apuntado a un concurso y a un foro de la Esmuc de pianistas para que lo dejaran tocar. En definitiva, intentar darle apoyo y que él vea que, más allá de las clases, van pasando cosas.

¿Cómo te gustaría que fuera la evolución de su trayectoria?
Solo el hecho de que acabe siendo lo que estamos luchando que sea, pianista y director de orquesta, ya sería fantástico. Y si, además, puede venir de aquí a unos años y enseñarnos cosas, ya sería… En el momento en que un alumno tuyo te enseña quiere decir que has hecho bien el trabajo. El ideal de un profesor es que tus alumnos te superen. A ver si un día organizamos la ‘Masterclass Álvaro Esteve’.

 

Regístrate para obtener recomendaciones personalizadas

Suscríbete al boletín de AMIC CULTURA para estar al día de todos los eventos y actividades.