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Ramon Pérez, repostero en La Palma: "la pastelería siempre ha traído fiesta al barrio"

La Pastelería La Palma celebra un año más la Mona Solidaria en el Clot con una pieza de Mario Bros de más de 30 kilos

9 de abril de 2026 a las 15:58h
Actualización: 10 de abril de 2026 a las 09:25h
Ramón Pérez, pastelero en La Palma

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Cada Pascua, el escaparate de la Pastelería La Palma, en la calle del Clot, se transforma. Aparece una mona gigante de más de 30 kilos de chocolate que convierte la tradición de la Pascua en un acto solidario. Este 18 de abril se celebrará "La Mona Solidaria", una recogida de alimentos disfrazada de fiesta, con gigantes, diablos y chocolate para todos. Este año la temática es Mario Bros, y la jornada se celebrará de 10 a 14 h. Ramon Pérez, tercera generación al frente de este negocio centenario del Clot, nos explica cómo nació la idea, cómo ha evolucionado a lo largo de los años y dónde se encuentra hoy.

¿Cómo comenzó la idea de la Mona Solidaria?

Ramon Pérez: El primer año hicimos una mona gigante, la sacamos a la calle y al cabo de cinco minutos ya no quedaba nada. Vino muchísima gente y todo el mundo cogió un trozo de chocolate sin traer nada a cambio. Pensamos que no era coherente con nuestra política como pastelería ni con nuestros valores, y que una cosa con tanto valor podía tener una utilidad solidaria. Contactamos con el Banco de Alimentos y acordamos que la gente rompería la mona aquí y que, a cambio de alimentos de primera necesidad, los participantes tendrían una pieza. Funcionó, y todo lo que  recogimos fue a parar al Banco, de la calle Monts.

¿Y cómo evolucionó a partir de aquel momento?

R.P.: El año siguiente el Orfeón Martinense participó con música, vinieron los gigantes, estaba lleno de gente... y así ha continuado. Todo creció de manera muy natural, gracias al vecindario y a las entidades.

Aparte de la mona, ¿habéis hecho otras acciones solidarias a lo largo de estos años?

R.P.: Sí, durante 17 años organizamos talleres de chocolate con escuelas. Surgió porque mi hija pequeña iba a una escuela de aquí en el barrio y lo pusimos en marcha. Los niños venían a la pastelería, hacían chocolate, y lo que pagaban iba íntegramente al Banco de Alimentos. Hasta el año pasado pasaron por aquí 650 niños y 250 personas en talleres de adultos. Todos juntos aportaban unos 2.000 euros anuales a la recogida, además de los alimentos del día de la mona.

Y este año no lo habéis podido hacer.

R.P.: Este año no, por desgracia. Por un lado, yo ya me he hecho mayor y al final no llegas a todas partes. Por el otro, hemos tenido bajas en la empresa y no hemos podido asumir la carga de trabajo que supone. Organizar los talleres significa tener personal pagado fuera de horario, a veces hasta unos horarios que yo ya no puedo mantener. Aunque era una actividad sin ánimo de lucro para nosotros (no cobraban nada) al final tenía un coste real para la empresa. Hemos tenido que poner prioridades. Pero la mona solidaria la seguimos haciendo.

¿Qué gasto representa hacer la mona?

R.P.: Entre el trabajo, el material y todo lo que conlleva, la mona supone unos 400 euros. Pero a veces no todo es negocio en un negocio, sobre todo en nuestro trabajo. Pero tenemos ilusión por hacerlo. Además, quieras o no, esta mona gigante expuesta durante tantos meses nos da mucha visibilidad. A los niños les gusta mucho, somos creadores de ilusiones.

Este año la temática es Mario Bros. ¿Cómo elegís el tema cada año?

R.P.: Intentamos que la temática llegue a todo el mundo a la vez: que enganche a gente de 50 años y a niños de 10. El Mario Bros funciona perfectamente en este sentido, igual que el año pasado hicimos Dragon Ball. A lo largo de los años hemos pasado muchas temáticas. Una que recuerdo especialmente es la de los Pitufos, que fue excepcional: incluso nos vinieron personas de Valladolid vestidas de "pitufos". Hicimos un año el Barça, que nos costó mucho porque pedir permisos al Barça es complicado, pero al final lo conseguimos. Hace dos años hicimos un huevo gigante que por la tarde reventó solo, de una explosión, porque algún niño había picado demasiado fuerte. Cada año una cosa diferente.

¿Y cómo se elabora técnicamente una pieza como la de este año?

Funciona principalmente con moldes. En este caso me dejó uno un pastelero conocido, lo usamos y ya está. Le hemos dedicado unos cinco o seis días de trabajo. Ahora el chocolate se trabaja mucho con serigrafía, que es como una fotocopia hecha con una impresora especial: da mucho color y mucha visibilidad sin llevar tanto trabajo manual como antes. Ha cambiado mucho. Ya hay algún trozo que se ha roto y lo hemos arreglado dos o tres veces, pero lo hemos dejado así. Al final, el día de la jornada, la mona se acaba rompiendo de todas maneras.

¿Cómo funciona la participación el día de la mona?

Cualquier persona que quiera un trozo de mona debe traer un alimento de primera necesidad (arroz, leche, legumbres) o hacer un donativo a la hucha que tenemos aquí fuera. Este año aceptamos las dos opciones porque hemos aprendido que no siempre es práctico que todo el mundo traiga alimentos, cuando venían niños muy pequeños no podían con todo, y hablando con el Banco de Alimentos vimos que la donación en metálico también funciona muy bien. Además, este año los niños de entre 3 y 12 años se pueden apuntar en la tienda hasta el 16 de abril para tener la oportunidad de ser ellos quienes rompan la mona.

¿Qué expectativas tienen para la recogida de este año?

Nuestra ilusión es la misma de siempre, pero la realidad es que cada año cuesta un poco más. Yo recuerdo que al principio recogíamos casi mil kilos de género y ahora estamos sobre los 400. Y este año, además, no tendremos los 2.000 euros que aportaban los talleres escolares. Es el primer año que pasará, y lo notaremos. Todo dependerá de cómo responda la gente. El gran problema es que la situación económica pesa. Nosotros pondremos todo lo que podamos, pero al final es el vecindario quien tiene que responder. Esperamos que se acuerden y que vengan.

¿El perfil de quien viene es sobre todo gente del barrio?

Sí, mayoritariamente. Cuando hacíamos los talleres, venían niños de escuelas de toda Barcelona, pero el corazón de la jornada siempre ha sido el vecindario del Clot

¿Qué papel juegan las entidades del barrio en la jornada?

Son fundamentales. El Orfeo es quien coordina los grupos: los Diables del Clot, el Ball de Bastons, los Gegants... A veces también hay Falcons y Castellers. Hay una persona, Joana, que es quien mueve todos los hilos. Yo le pongo la fecha en septiembre y ella se encarga de atar las actuaciones con todos los grupos.

Eres tercera generación en la pastelería. ¿Hasta qué punto la mona solidaria forma parte de la identidad de la casa?

Muchísimo. Cuando era pequeño, todas las pastelerías del Clot hacían monas gigantes. Ahora no queda ninguna otra que lo haga. Las pastelerías han ido desapareciendo, y las que quedan ya no hacen monas grandes porque todo vale dinero y porque tampoco se encuentra fácilmente gente que sepa hacerlo. Nosotros lo hemos continuado porque forma parte de lo que somos.

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