Sasha Asensio, fotógrafo del Raval: “Me interesa la disidencia estética"

15 de diciembre de 2025 a las 08:00h
Actualización: 11:29h
Asensio, retratando a una conocida del Raval. Foto: Albert Ribas

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En los años 80, en la ciudad brasileña de Sao Paulo, había un niño, hijo de inmigrantes asturianos de una familia acomodada, que con solo 8 o 9 años se acostumbró a visitar las favelas, los grandes asentamientos precarios que hay en las ciudades del país. Era un lugar donde no le tocaba estar, pero él se sentía cómodo y jugaba con otros niños, que sí vivían allí. En aquel momento, Sasha Asensio aún no lo sabía, pero aquello le marcaría la vida.

Han pasado unos 45 años. Estamos en el barrio del Raval, donde Asensio vive desde hace dos décadas, siempre en el mismo sitio, en la calle Reina Amàlia. Son las 9 de la mañana de un jueves cualquiera. Este fotógrafo, tal como él mismo confiesa, vive con una obsesión: siempre ha sentido una atracción por los más desvalidos. Una obsesión que seguramente ha sido generada por los recuerdos que guardó en su memoria de aquella primera parte de su vida en Brasil, y que le ha llevado a construirse una carrera profesional centrada en retratar personas de diferentes barrios del mundo a las que la vida no les ha sonreído.

“Este barrio es como el bar de la Guerra de las Galaxias”, afirma Asensio haciendo referencia a la gran variedad de personajes de todo tipo que hay. “Ahora estamos en la rambla del Raval. De aquí hacia la izquierda (mirando hacia arriba) la cosa cambia”, dice. Habla de la zona donde hay más pobreza y problemáticas sociales de todo tipo. Él defiende, tal como también lo hace con su fotografía, que hay que huir de los eufemismos y mostrar las cosas tal como son. “Tenemos que hablar con propiedad y decir las cosas claras. En el Raval hay chabolismo vertical, no tenemos que caer en la estrategia de la ocultación”, dice.

¿Y cuál es el trasfondo de su particular historia con este barrio barcelonés? Todo se debe al fotógrafo Joan Colom, conocido sobre todo por las fotografías del Raval, en aquel momento el barrio chino, durante la década de los sesenta. “Vi una exposición suya en Gijón, en La Barjola, hace veinte y tantos años, y me fascinó. A partir de entonces empecé a hacer visitas al barrio, hasta que vine a vivir aquí. Y la gente me decía ‘Pero, ¿adónde vas?’”. Pues Asensio iba a un lugar “con una idiosincrasia propia y con una densidad de población muy grande”, un barrio con muchas capas de historia que han hecho que hablemos de un lugar de la ciudad prácticamente indomable, donde viven muchas personas que reúnen las características para acabar retratadas por él: “El trabajo que hago tiene un punto de celebración, las personas que retrato tienen una luz propia”. Esta luz propia, la ve, por ejemplo, en toda la gente del colectivo LGTBI+ que “busca refugio aquí en el Raval”, como él mismo dice. Es, precisamente, una de las muchas paradojas que conviven en este barrio. Por muchas problemáticas enquistadas que haya, también acaba generando redes de solidaridad entre personas que quizás en otro lugar no se podrían crear.

Asensioal Raval davant d'un retrat fet per ell. Foto: Albert Ribas
Asensio en el Raval delante de un retrato hecho por él. Foto: Albert Ribas

Refugio LGTBI+ y narcotursimo

Continuamos paseando por el barrio. Estamos en la calle de les Carretes, donde nos cruzamos con un grupo de voluntarios que hacen trabajos de limpieza. Más adelante, cuando caminamos por la calle de la Cera y pasamos por delante de la peluquería Umair Qamar, Asensio saluda a distancia a uno de los trabajadores. O quizás es el propietario. Se mueve por estas calles como un oficinista en una oficina. “La calle Robadors es la mía”, dice riendo. Allí hay mucha gente interesante para retratar. Y, hablando de Robadors, reflexiona sobre los cambios demográficos. “El flujo migratorio ha cambiado mucho. De los típicos abuelos que vinieron de jóvenes de diferentes lugares de España casi ya no quedan. Ahora todo es inmigración actual”, apunta.

Caminamos, pero se detiene a hablar con dos chicos que le han llamado la atención. Cuando ve ‘modelos’ potenciales a quienes no conoce, despliega la habilidad de la gente que tiene calle. Saluda a un dominicano con casi toda la cara tatuada, que está con un joven marroquí. Este último lo mira con distancia, pero de repente Asensio lo saluda pronunciando unas palabras en árabe y todo cambia. Sonrisas y complicidad. Quizás un día estos dos chicos acabarán en la tarjeta de memoria de la cámara del fotógrafo. “Los magrebíes normalmente no se dejan fotografiar, en cambio, los pakistaníes casi siempre”, me explica.

Asensio destaca que el Raval és un refugi per a les persones LGTBI+. Foto: Alber Ribas
Asensio destaca que el Raval es un refugio para las personas LGTBI+. Foto: Albert Ribas

Hablando de nacionalidades, ahora que hemos encontrado a un chico dominicano, Asensio recuerda la rocambolesca historia que le permitió tener acceso a un narcolocal para poder hacer fotografías. “Conocí a un dominicano que acabó en la cárcel. Una vez, cuando estaba encarcelado, me escribió para pedirme dinero y le envié 30 euros. Cuando salió, me escribió para decirme que era el único que le había ayudado. De inmediato se puso a gestionar un narcolocal y me dejó entrar”, explica todavía sorprendido con esta historia.

Llegamos a la plaza del Pedró, este espacio triangular que es un punto de confluencia y donde siempre hay movimiento. El obelisco del centro de la plaza recuerda a Santa Eulalia, la patrona, ya que la leyenda dice que fue crucificada aquí. Parte del protagonismo del paisaje se lo llevan la gran calidad de palomas que hay. Aprovechamos la parada para seguir hablando del barrio. “De la misma manera que te decía que es un espacio de refugio para chicas transexuales, por ejemplo, en el Raval también hay narcotourismo. Aquí viene gente de muchos lugares a drogarse”, afirma este fotógrafo. Desgraciadamente, dice, ahora mismo ve “el peor Raval” de los 20 años que hace que es vecino. “Hay mucha pobreza e incivismo. Mucha gente tira la basura a cualquier sitio y el servicio de limpieza es pésimo. Aquí hay gente con costumbres de sus lugares de origen y las cosas son como son. No pasa nada por decirlas y creo que tengo autoridad para hablar del Raval”, añade sin pelos en la lengua.

“Veo belleza en todas partes”

Volvemos a la fotografía. Los protagonistas de los retratos de Asensio serían descritos como gente marginal por una gran parte de la sociedad. Y seguramente podría ser preciso hablar en estos términos, pero al final todo depende de la mirada. Y la de este fotógrafo no es, precisamente, convencional. “Veo belleza en todas partes y tengo debilidad por las personas a las que les faltan cosas. Con la fotografía creo vínculos, pero antes hay todo un proceso de seducción para que la persona acabe floreciendo delante de la cámara”, relata. “Intento que la foto les dé autoestima, que refleje su luz”, añade.

Poco tiempo después, se demuestra que sus palabras no son un discurso vacío. Nuestro recorrido nos ha llevado a la calle de Sant Rafael y, justo cuando pasamos por delante del pasaje Bernadí Martorell, que tiene una entrada oscura y tétrica, una voz se dirige a Asensio. Es una mujer prostituta transexual que, al ver a Sasha, lo llama. Se saludan efusivamente, ya que se conocen de hace tiempo. Entonces, ella le pide que le haga fotos y él saca la cámara. Durante unos 10 minutos contemplo la escena. La retrata, le da instrucciones sobre cómo posar, ella está cómoda, sonríe a la cámara. Se genera una complicidad y entiendo lo que me decía hace un rato sobre la luz que hace emerger de los protagonistas de sus fotos. Gente que, si algo no tiene, es una vida fácil, pero que quizás durante unos instantes se sienten el centro del mundo. La cámara los enfoca y, en el momento en que hace clic, en aquel preciso instante no piensan en nada más que no sea aquella foto.

“Con los años entrenas la mirada”

Sobre la fotografía, Asensio tiene un mensaje muy claro. Mientras nos dirigimos al MACBA me lo desgrana. Cree que estamos "encorsetados" y que las redes sociales han uniformizado el mundo de la imagen. "Me veo como alguien que hace de palanca contra el selfie. A mí lo que me interesa es la disidencia estética, pero siempre la busco a través de la relación horizontal que tengo con la fotografía", afirma. Esta horizontalidad, tratar de tú a tú a la gente que retrata, es uno de sus códigos innegociables. De hecho, he observado que en su trabajo también hay un componente social. "Un día, en la Iglesia del Padre Ángel de Madrid, un voluntario me dijo que las fotos que hacía estaban muy bien, pero que lo que tenía valor era que hablara con la gente", recuerda. Y es que una cosa que es evidente es que sus fotografías no serían posibles sin que antes existiera una conversación –sea más corta o más larga– o una relación más estrecha con los fotografiados.

Llegamos a la plaza dels Àngels, al MACBA. Asensio me confiesa que su "gran ilusión" sería hacer allí una exposición con las fotos que hace de la gente del Raval y que "el museo se llenara de gente de aquí". De hecho, se muestra bastante crítico con este espacio cultural. Considera que normalmente no hay muchos visitantes y que vive un poco de espaldas al barrio. "Cuando hacen inauguraciones no hay vecinos. Me gustaría que el museo se llenara con caras del Raval", añade. Y, aunque los espacios culturales más underground siempre son un buen lugar para exponer, en realidad no hay nada más disidente que romper moldes. Y asomar la cabeza en el MACBA sin duda lo sería. "Exponer allí a la gente del Raval es un desafío que creo que es necesario", concluye Asensio.

Uno de los retratos de Asensio cedido por él mismo a AMIC Cultura. Foto: Asha
Uno de los retratos de Asensio cedido por él mismo a AMIC Cultura. Foto: Sasha Asensio
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