“Puedo abrir el trap a todo el mundo, y hacerlo en catalán”, dice Elan Dubois (Nou Barris, Barcelona, 2009), una de las caras más jóvenes y emergentes de la escena musical catalana. Bajo el nombre artístico de ELAN, con solo dieciséis años ya tiene dos álbumes bajo el brazo. Su música fusiona el trap catalán con influencias de jazz, plugg y otros estilos, creando una propuesta arraigada a su lengua, a sus gustos musicales y a su formación en música clásica, ya que toca el contrabajo. Reivindica Nou Barris como origen y motor creativo, y produce y graba su música en un estudio propio (en su habitación).
¿Cómo te definirías?
Como un artista muy diverso que puede hacer muchas cosas al mismo tiempo. Aparte del contrabajo, también toco otros instrumentos y me lo produzco todo yo. Tengo esta amplitud de poder hacer un poco de todo dentro del trap en catalán un poco alternativo, buscando mi manera de ser y no la de los demás.
¿Cómo empezaste?
Desde muy pequeño ya tenía un gran interés por la música, que he podido desarrollar en el IEA Oriol Martorell, la única escuela pública de todo el Estado que lidera un proyecto pedagógico artístico donde la danza y la música se integran con la enseñanza general. Pero cuando empecé de verdad a hacer canciones mías fue durante la pandemia, que me cogió en una casa en los Pirineos. Me aburría mucho. Tenía diez años.
¿A quién admiras?
Escucho mucha música y bien variada. Es complicado encontrar a alguien que admire por encima del resto. Tengo muchas influencias diferentes, pero destacaría a Biberon o a la misma Rosalía. Soy totalmente ecléctico. En el ámbito personal, admiro profundamente a mi madre, que, por cierto, es poetisa.
¿Dónde has actuado?
En Nou Barris, que es mi casa y lo reivindico. El primer concierto fue en el Casal de Joves Guineueta. Siempre intento hacer cosas en mi barrio. También he actuado en el Espai Jove Les Basses y en el Festival Boca, en el Paral·lel 62, donde además de subir al escenario formé parte del consejo de jóvenes que lo preparó, una experiencia de la cual disfruté muchísimo y que me enseñó muchas cosas.
¿Cuál es el escenario de tus sueños?
En los escenarios donde he tocado toda la vida música clásica (Mozart, Vivaldi…) siempre hay una separación muy grande entre el músico y el público, y eso me ponía muy nervioso. Con mi proyecto, en cambio, siento una conexión real con la gente, con escenarios bajos y cercanos. Podría decir el Camp Nou, pero no sería fiel a mí. Un lugar como Razzmatazz sería todo un honor. Me gustaría abrir el trap a nuevos públicos. Para quien aún no lo conozca mucho, tiene muchas posibilidades: se puede expandir, romper estructuras y hacerse más melódico. En mi caso, la formación clásica me permite hacerlo más limpio y pulido que el de otros artistas más urbanos.





