Ricard Planas: "Es una falacia decir que cuantas más editoriales, más lectores"

2 de enero de 2026 a las 08:00h
Ricard Planas, a la izquierda, junto a los editores Eugènia Broggi y Ramon Mas. Foto: ACN

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Ricard Planas (Barcelona, 1981) es uno de los impulsores de la editorial barcelonesa Males Herbes junto con Ramon Mas y Pau Clemente. El proyecto arrancó en 2012, cuando comenzaba la ola de editoriales independientes en Cataluña, con ejemplos como Raig Verd, Saldonar o Descontrol, entre otras. Pasados más de diez años, el equipo de Males Herbes mantiene el espíritu del primer día: fomentar la narrativa no realista (también llamada de la imaginación) en catalán.

Planas explica convencido de que la clave del éxito es “haber consolidado una marca que ya es muy visible en bibliotecas y librerías”. Sobre todo, añade, se trata de “hacer comunidad” a partir de clubes de lectura, presentaciones, haciendo difusión en las redes sociales y con el contacto con los libreros. La clave es saber qué quiere el lector: “Hay que formar parte de una red y hacer una propuesta que no hace nadie y que la gente la acepte”.

“Siempre se hace la dicotomía entre grandes grupos y editoriales independientes, pero es que dentro del mundo de las independientes no somos todos iguales y aquí hay un problema”, afirma. Planas explica que hay un asunto que inquieta a los editores. Se trata de la “profesionalización del sector editorial” y el hecho de que ahora mismo existan tantas editoriales alternativas.

En este sentido, apunta a las editoriales “que no cobran por producir”, a las cuales detecta como competencia directa: “El problema principal es cuando estas editoriales no se quieren profesionalizar y publican narrativa actual catalana”.

Él señala que este fenómeno se explica, en parte, por la “tradición del voluntarismo en el mundo de la edición catalana”, que se acentuó sobre todo con el inicio de la democracia. “En aquel momento era necesario y se apreciaba que alguien montara una editorial en horas libres. El problema que continúa existiendo es cuando no se tiene en el horizonte profesionalizarse, que significa cobrar un sueldo y pagar nóminas”, apunta.

Factor económico y cualitativo

El editor de Males Herbes detecta dos problemas principales en este contexto. El primero, y hablando en términos económicos, es que estas empresas son una “competencia desleal”, porque “para las editoriales que no viven de esto, las ventas son relativas”, pero no dejan de competir con ellas por ocupar espacio en las estanterías de las tiendas.

Planas piensa en cómo funcionan estas editoriales y señala que, si bien se puede ver su voluntarismo como algo positivo, este fenómeno lleva a un malentendido: “Es una falacia que cuantas más editoriales, más lectores, porque cada vez la gente tiene que decidir entre un catálogo más extenso y unas librerías cargadas de libros”.

El segundo motivo que expone, y en el que pone más énfasis, es que “la literatura catalana quedará devaluada” si se continúa así. Para argumentarlo, explica cómo se sorprende cada vez que se publican obras que en Males Herbes habían descartado: “Nosotros no competiremos con el libro de Pilar Rahola, pero sí con editoriales que están publicando textos originales que nosotros ya hemos rechazado”.

“Competimos con editoriales que están publicando textos originales que nosotros ya hemos rechazado”

En esta línea, retoma el tema de considerar su trabajo como un oficio, es decir, una tarea basada en leer mucho, estar en contacto con el escritor y aplicar criterios de evaluación literaria idóneos y, en base a su experiencia, explica que ha detectado que se publican originales “que no llegan al listón al que han de llegar para ser vendidos de manera profesional”. Esto está pasando porque hay editoriales “que son mucho menos exigentes y no trabajan el texto porque no tienen tiempo”.

En consecuencia, esto provoca, por una parte, desequilibrios porque “en las librerías estamos todos y no hay tiendas profesionales y no profesionales y los autores tienen que luchar entre ellos en un combate bastante desigual”. A la larga esto desembocará en que “encontrar las obras interesantes será buscar una aguja en un pajar porque el pajar cada vez será más grande”.

Una amenaza más para el sector

El editor argumenta que este escenario es una amenaza más para el sector del libro independiente, que ya vive las consecuencias, como apunta, “de la inteligencia artificial y la autoedición”. “Siempre ha habido crisis, pero ahora lo que veo es una sobresaturación”, añade. También lamenta que la inundación de títulos venga desde las mismas editoriales independientes, ya que, como dice, ya se sabe que los grandes grupos “inundan las mesas de novedades”.

Finalmente, Planas se lleva las manos a la cabeza cuando ve que el contexto actual lleva a que “un escritor puede publicar todos los textos que tiene en el cajón si quiere”. Él defiende rotundamente que no debe ser así: “Para tener una literatura importante, debe haber una exigencia importante y, históricamente, quien pone el listón cualitativo son las editoriales literarias”.

Con una mirada al futuro y a pesar de las dificultades mencionadas, Planas remarca que “sería una lástima que dentro de treinta años, quien repase la literatura catalana que se hace hoy, no sea consciente del momento dulce que estamos pasando a nivel literario debido a la sobrepublicación”.

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