Hay una comarca catalana que siempre ha sido un territorio de música. De hecho, la gran mayoría de los artistas que han triunfado en las últimas décadas tienen raíces en este lugar: Rosalía, Aitana, Estopa… Por citar algunos. Seguramente, muchos ya sabéis de qué comarca estamos hablando: el Baix Llobregat. Un espacio de cruce, de fábricas, de barrios obreros y de gente llegada de todas partes que, a pesar de vivir en la periferia de Barcelona, ha construido una identidad cultural propia, intensa y combativa. Algunos lo consideran el patio trasero de la capital catalana, pero para el mundo cultural es, sencillamente, una tierra fértil. Y es que, más allá de ser una de las principales zonas productoras de hortalizas de Cataluña, también es donde más grupos de rock han nacido y han cultivado su futuro. Se cuentan por decenas.
La pregunta, pues, es inevitable: ¿Por qué aquí? ¿Por qué es la comarca más rockera del país? Todo el mundo con quien hemos contactado para hacer el reportaje coincide: el Baix es la cuna del rock en nuestra casa. Y esto no es fruto de la casualidad.
De la revolución industrial a la musical
El carácter industrial y obrero de esta comarca es clave para entenderlo. Oliver Granadal, guitarrista de los Golden Rocks, de Sant Joan Despí, considera que detrás de esta concentración rockera hay sobre todo el espíritu de rebeldía y de lucha popular que tanto caracteriza a los bajllobregatinos: “Sobre todo en los años ochenta, el Baix era un pueblo obrero y bastante activista. Esto, y que hacía poco que habíamos salido de una dictadura y había una represión total, generó un movimiento cultural muy activo que buscaba referentes en otros países como el Reino Unido o los Estados Unidos”. De hecho, el rock es un género musical que surgió en los años cincuenta en los EUA y que fue derivando en muchos estilos en los años sesenta, hasta llegar a nuestros días con un amplio abanico de propuestas y posibilidades. Sus letras a menudo desbordan amor romántico, pero también tratan un amplio espectro que se decanta hacia cuestiones políticas y sociales.
Oliver Granadal: “En los ochenta, el Baix Llobregat era una zona obrera y bastante activista. La salida de la dictadura generó un movimiento cultural muy activo”
El rock no es solo un estilo, “es una forma de vida que implica un desafío constante, a menudo también a las convenciones políticas y sociales más opresivas. Por eso es normal que, tradicionalmente, se haya asociado al extrarradio y a los barrios obreros”. Lo dice Alicia Rodríguez, periodista y promotora musical, y una de las docentes que cada año imparte la Santako School of Rock, en los Juliols de la UB, unos cursos formativos de verano. Rodríguez explica que, en sus clases, el Baix Llobregat está muy presente.
Mestizaje cultural
La llegada masiva de personas provenientes de diferentes puntos de España entre las décadas de los años cuarenta y setenta del siglo pasado, motivada por la necesidad de mano de obra en una comarca en plena industrialización, favoreció un mestizaje cultural enriquecedor, explica Ernesto Barba, santboiano y el periodista musical en activo más longevo de la revista Ruta 66. Este proceso, según Barba, no solo contribuyó a la proliferación de bandas de rock, sino también a la aparición de múltiples manifestaciones artísticas que han convertido el Baix Llobregat en un foco cultural destacado. El periodista añade que el rock ha sido tradicionalmente una herramienta de expresión de las clases trabajadoras y de los colectivos más desfavorecidos; un vínculo que sigue siendo relevante hoy en día como forma de resistencia cultural y política.

En este contexto, la escena musical de la comarca también tuvo un papel central dentro de lo que históricamente se conocía como el cinturón rojo de Barcelona, por el perfil obrero de la ciudadanía y por sus preferencias políticas. El periodista Eduard Cabré, uno de los integrantes del programa de Ràdio Castelldefels Lou Reed ha muerto, recuerda cómo el Baix fue un territorio donde la contracultura y la protesta social se manifestaron con fuerza: “Los jóvenes, testigos de la agonía del franquismo y de la resistencia de las élites por retener el poder, encontraron en la música y en los fanzines herramientas para canalizar su protesta y expresar su identidad”. “Así, el rock y el punk se convirtieron en instrumentos de lucha y de cohesión social”, insiste.
Eduard Cabré: “En el Baix se respira música. No lo encontrarás anunciado en grande, pero si lo buscas, hay salas en cada pueblo donde se puede ver música en vivo
En paralelo, la sociedad que se empezó a construir en aquella época de finales de la dictadura y principios de la democracia también tenía una mentalidad más abierta, urbana y cosmopolita, “con unas inquietudes culturales muy marcadas, visibles en la diversidad de géneros musicales alternativos vinculados al rock”, afirma Aleix Costa, guitarrista de la banda Ratpenat y presidente de la asociación Esplurock.
Una familia rockera muy extensa
El rock en el Baix tiene mucha historia. Hay una lista infinita de bandas y de músicos que han construido sus carreras alrededor de este género musical. Muchos nombres, algunos de los cuales todavía suben a los escenarios, y otros que, desgraciadamente, ya nos han dejado.
En Cornellà abrieron camino grupos como los míticos La Banda Trapera del Río, nacidos en el barrio de Sant Ildefons y considerados pioneros en rock urbano. Ahora justo hace dos años que murió su fundador y vocalista, Morfi Grei, quien convirtió el punk en un grito de resistencia social, con letras que expresaban la rabia de la realidad obrera, con canciones como Ciudad Podrida. “Podríamos decir una infinidad de grupos vinculados al rock de nuestra comarca, pero quienes marcan un antes y un después son ellos”, defiende Costa.
Alicia Rodríguez: “El rock es una forma de vida que implica un desafío constante a las convenciones. Por eso es normal que se haya asociado al extrarradio y a los barrios obreros”
Aparte de los cornellanenses, algunos de los otros nombres imprescindibles para entender esta escena musical de los años setenta, ochenta y noventa son Decibelios, La Chusma, Último Resorte, Desechables, Neurastenia, entre otros. Todos ellos compartían la rabia contra el sistema y una fuerte conciencia de clase. Paralelamente, otras corrientes como la movida mod también dejaron huella, con grupos como Kamenbert, Sprays o Extra.
En los años noventa, las bandas que fueron surgiendo ya se orientaron más hacia el pop, con grupos como Love of Lesbian, Sidonie o Beef, así como otras formaciones menos conocidas pero con propuestas atractivas como Phila, Valium o Perruzo, impulsadas por jóvenes con inquietudes creativas.
Infinidad de eventos con rock en vivo
La escena rockera del Baix Llobregat, sin embargo, no es solo historia, sino que continúa viva gracias a la transmisión de sus valores y a la pasión de los que participan en ella. Esto es así por la tozudez de los rockers, afirma Granadal, que reconoce que a los viejos rockers les cuesta retirarse. Ahora bien, se siente orgulloso del hecho de que el rock todavía esté bien vivo entre el público y las nuevas generaciones, lo que quiere decir que se han sabido transmitir los valores de rebeldía, unión, amistad y lucha a los jóvenes.
La vida cultural en la comarca es intensa. Barba subraya que “es imposible disfrutar de todas las propuestas que se programan”, tanto desde espacios públicos como desde entidades y asociaciones. “En el Baix se respira música. No lo encontrarás anunciado a lo grande, pero si lo buscas, hay salas en cada pueblo donde se puede ver música en vivo”, comparte Cabré. Sant Boi es un ejemplo claro, con el Espai Weller, Les Muses o el Rubrifolkum, que organizan conciertos durante todo el año. Otros puntos de referencia son La Capsa del Prat, Els Pagesos de Sant Feliu o la Sala Padró de Cornellà. Unas salas que han sido clave para mantener todo este ecosistema musical, conjuntamente con la Salamandra o el mítico Vértigo, ya desaparecido.
Aparte de las salas, también se celebran multitud de eventos, conciertos y festivales que llenan las agendas de todos los municipios de la comarca, como por ejemplo el CanviRock (Esplugues), el Can Mercader Festival (Cornellà), el Rojinegro (Cornellà), el Rock&Baix (Sant Joan Despí) o el Move Your Fuckin Brain (Molins de Rei), que nos demuestran que todavía hay una escena rockera fuerte en el Baix. También cabe mencionar el Festival Altaveu de Sant Boi, que cuenta con artistas locales: en la última edición lo hizo con el grupo Bons Nois de Sant Feliu de Llobregat. Por no hablar del Esplurock Fest, que este año celebra sus primeros veinte años de vida y que ya se ha consolidado como uno de los espacios de referencia musicales de la comarca.
Julieta Cabré: “Tarde o temprano caes deslumbrado en la maravilla que es y la diversidad de subgéneros y artistas que engloba el mundo del rock”
En la difusión de toda esta música rockera comarcal también han jugado y juegan un papel clave las emisoras locales, como Ràdio Sant Andreu, en Sant Andreu de la Barca, con el programa Hysteria, con Satur Rodríguez al frente, y los conciertos que cada año organizan en la Ermita de Santa Madrona, por donde han pasado artistas de la talla de Ñu o Susan Santos. En el año 1994 incluso pudieron disfrutar de Extremoduro.
En Castelldefels, en su emisora local, el rock también tiene cabida con el programa ya mencionado antes, Lou Reed Ha Muerto, conducido por Cabré. Cada jueves por la noche transportan a los oyentes a una isla imaginaria poblada por los “cadáveres exquisitos” de las estrellas del rock. De este espíritu nace el Lou Reed Ha Muerto Fest, que se celebra en el Castillo de Castelldefels.
Una realidad intergeneracional
Es precisamente en esta ciudad donde encontramos uno de los relevos generacionales del rock en el Baix. Con solo quince y dieciséis años ya hacen ruido. Son los Estamviskun, con Julieta, Martina, Mario y Casto, una banda de punk-rock combativo con temas propios y conciencia de clase. “Todos nosotros hemos tenido contacto con el rock desde pequeños y, lo quieras o no, si tu entorno te mete dentro del mundo del rock, tarde o temprano caes deslumbrado en la maravilla que es y la diversidad de subgéneros y artistas que engloba”, dice Julieta Cabré, la vocalista del grupo.

Al otro lado del espejo están The Blue Majer’s, en El Prat de Llobregat, un grupo formado por músicos veteranos con edades que superan los sesenta, setenta y ochenta años y que continúan ensayando cada lunes en La Capsa. También llevan a cabo una importante labor pedagógica llevando el rock a las escuelas y explicando todas las aventuras que han podido vivir alrededor de la música. Y son contundentes sobre la continuidad de este género musical. “El rock no morirá nunca”, afirman con convicción. Un grito rockero que comparte la periodista Alicia Rodríguez, que afirma que este género musical pervive, a veces al margen del foco mediático, porque tiene una red propia que lo mantiene encendido y alejado de los ciclos y las tendencias musicales.
Por lo visto, pues, en el Baix Llobregat, si hablamos de rock, está todo atado y bien atado. Si hay un estilo musical que atraviesa toda su historia cultural de arriba abajo como un hilo eléctrico, es este. Una comarca que se puede considerar la cuna del rock en nuestra casa.








