En Collserola hay ovejas. Y también un grupo de artistas que de la lana que se tira hace arte. Son el colectivo textil Tornen les Esquelles, que nació en 2021 en el marco del LAB Collserola y que trabaja para convertir un residuo en una herramienta para hacer escuchar el territorio.
En el centro del proyecto están Ana Vivero, Solange Dalannais, Esther Clusas, Ana Belén López Taverne y Alicia Monreal Ortega, y tienen varios colaboradores. Todos ellos han aprendido a lavar, cardar y afieltrar la lana, un proceso largo que data de la prehistoria y que estas artistas recuperan en sus obras, teñidas con tintes naturales.

Cada proyecto es una excusa para encontrarse y aprender con los pastores de Collserola, figuras a menudo invisibilizadas, pero esenciales para el equilibrio del territorio. “Para nosotros, son patrimonio”, resume Vivero.
Visibilizar a los ganaderos
Las creaciones, además, quieren visibilizar las duras condiciones en que trabajan los pocos ganaderos que quedan en el Parque Natural de la Sierra de Collserola, como es el caso de José Antonio Montoya Moreno, un vecino de Torre Baró que había pastoreado en Montcada i Reixac durante treinta años. Hace unos meses tuvo que dejar el oficio y vender el rebaño después de perder la licitación de la nave donde había trabajado durante más de tres décadas. Esta historia motivó a Tornen les Esquelles a convertir la lana de Montoya en una capa de fieltro roja, inspirada en las capas de pastoreo tradicionales y que se exhibió en el Disseny Hub de Barcelona en 2023.

En 2024, el grupo recibió un encargo en el marco de la Bienal Manifesta 15 y creó el Tapiz de la Concordia, que unía la lana de Ramaders DB, de David Barrero y David Barris, con otras de Collserola “para hablar del duelo que sentían”. El colectivo presentó la pieza en una acción en las Tres Chimeneas, en Sant Adrià de Besòs, que era uno de los espacios de Manifesta 15. La obra acabada se expuso en la Casa Gomis, en El Prat. Desde el colectivo explican que todo ello ocurría durante la licitación de las ovejas del pastor Montoya y, como homenaje, querían presentar el tapiz después de que “él bajara de Montcada hasta la playa del Besòs con las ovejas para recuperar la historia pastoral”. Pero fue difícil pedir los permisos y no pudieron hacerlo.
Aparte de estas intervenciones, sus tapices se han tejido en encuentros en diversos lugares del territorio metropolitano, como el taller de Casa Aymat, una antigua manufactura de alfombras y tapices de Sant Cugat del Vallès. Durante siete años, este colectivo ha hecho del tapiz una obra de arte con una idea clara: el futuro no se imagina solo; se teje y se armoniza con un cencerro que vuelve a sonar.




