“No, nunca es tarde. Ya te lo digo ahora. Y para hacer lo que te gusta, todavía menos”. Si alguien lo puede afirmar sin tapujos ni estigmas es Leoncio Olivares, un badalonés de 83 años que ha cautivado las redes sociales compartiendo el proceso para cumplir su sueño de ser pintor. Con más de 57.000 seguidores y 1,9 millones de me gusta en TikTok, el octogenario publica sus pinturas al óleo en la cuenta Leonciopintor desde 2023.
En este perfil, ideado y gestionado por sus tres nietos –Ainhoa, Sergio y David–, publica fotos y vídeos de él con sus obras, desde imitaciones de cuadros famosos de pintores como Rembrandt o Gustav Klimt hasta retratos originales de ubicaciones de Badalona. La cuenta se ha hecho tan grande que el pasado 14 de marzo Leoncio inauguró su primera exposición en el edificio de la Asociación de Vecinos del Raval de Badalona. “Algunos amigos me dicen: ‘Si sigues así, te harás famoso’. ¡Pero yo siempre respondo que ya lo soy!”, bromea.

De la brocha al pincel
Leoncio forma parte de aquellas generaciones de andaluces de nacimiento que emigraron a Catalunya durante el franquismo. Originario de Màlaga, llegó en los años 50 a Sant Adrià de Besòs, con poco más de 14 años. Recuerda que quería ser mecánico, pero cuando aterrizó en la metrópoli hizo de chico de los recados en una tienda de comestibles cerca de la Gran Via de Barcelona. De hecho, años después, cuando finalmente consiguió entrar al taller del Reial Automòbil Club de Catalunya (RACC), pronto se cansó de hacer tareas de chapista y de soldador de piezas de coche.
Es por eso que fue saltando de trabajo en trabajo hasta que acabó trabajando con su padre como pintor de un taller en Badalona, ciudad donde se mudó. “Él era de aquellos que lo hacían para ganarse la vida. De los que pintaban paredes, tableros, objetos y lo que hiciera falta, tal como seguí haciendo yo mismo años después”, relata. Ahora bien, una vez terminada la jornada laboral, el padre de Leoncio cambiaba la brocha por el pincel para pintar cuadros durante sus horas libres.
Igual que él, Leoncio también tenía una gran fascinación por el dibujo y la pintura. Explica, por ejemplo, que la primera vez que se sintió atraído por el mundo artístico fue en la escuela, antes de abandonar las aulas y cuando aún vivía en Andalucía. En concreto, empezó a notarlo en las clases de dibujo, cuando el profesor le encargaba hacer ilustraciones sobre temáticas vinculadas con el ideario del régimen, como las tres embarcaciones del primer viaje de Colón a América o la Virgen del Pilar.
Una vez en la metrópoli, y cuando ya trabajaba en el taller, continuó aprendiendo pintura de forma autodidacta con las colecciones de libros sobre grandes pintores de la historia que se podían comprar los domingos en el quiosco con los periódicos en papel. Con el nacimiento de sus primeros hijos con 26 años, sin embargo, Leoncio guardó en el cajón los lienzos y las pinturas para dedicarse a la familia.

Desenterrar la pasión
En 2020, las cosas cambiaron. Durante la pandemia del coronavirus, ingresaron a Leoncio dos semanas en el hospital por un infarto. Irónicamente, la mala fortuna que lo llevó a la UCI también fue el desencadenante para hacer revivir su vertiente artística. Durante el ingreso, se hizo amigo de otro paciente que se había dedicado a decorar los carteles de las salas de cine. “Le enseñé algunos de mis cuadros y me dijo que era una pena que lo hubiera dejado, y eso me hizo pensar”, explica. “Entonces, poco antes de salir del hospital, le prometí a este hombre que retomaría la pintura, y así lo hice”, añade.
Fue así como este badalonés desenterró su afición pasados los 80 años. Ahora, en casa tiene más de un centenar de cuadros hechos por él que, tal como nos enseña, ocupan todas las paredes e, incluso, se apilan en las estanterías o en bolsas de plástico acumuladas en su habitación. “Al principio los puse en marcos, pero ahora ya es imposible”, dice.
Durante todos estos años, Leoncio ha hecho incontables réplicas de Los girasoles y de La noche estrellada de Van Gogh –uno de sus grandes referentes–, así como toda una serie de cuadros ambientados en el municipio. Algunas de las ubicaciones más emblemáticas son el Pont del Petroli, el castillo de Pep Ventura o la plaza de la Constitución. “Estoy haciendo toda una colección de lugares de Badalona, que es lo que más me gusta hacer y que quiero guardar solo para mí”, exclama mientras muestra con una orgullosa sonrisa una versión hecha de la Casa Antoni Lleal.
El salto a la viralidad
Los cuadros que Leoncio no se queda los vende. De hecho, tiene una cuenta de Wallapop en la que, ahora mismo, tiene 93 obras a la venta. Todas cuestan 35 euros, y desde que las puso en el mercado dice que ha vendido más de una cincuentena. “El beneficio que saco no es muy grande, porque con lo que gano vuelvo a comprar material, y no es nada barato”, puntualiza. En la plataforma digital, Leoncio está categorizado como perfil top. Es decir, se le reconoce como un vendedor que ofrece “experiencias excepcionales” a través de “valoraciones altas, entregas fiables y respuestas rápidas”, asegura la web.
El pintor ha vendido más de una cincuentena de cuadros a través de una cuenta de Wallapop
¿Cómo se explica, sin embargo, este impacto? En gran medida, por las redes sociales. Cuando Leoncio se adentró de nuevo en la pintura artística, sus nietos decidieron documentarlo en TikTok. Publicaban fotos y vídeos de los cuadros, de la historia de su abuelo y de su pasión por la pintura, y pronto la cuenta se llenó de visualizaciones, de me gusta y de comentarios de gente dispuesta a comprarle los cuadros.
El revuelo fue tan importante que, además de ser entrevistado por todo tipo de medios de comunicación, la Associació de Veïns del Raval de Badalona propuso a Leoncio hacer su primera exposición en el local de la entidad, y él seleccionó una veintena de cuadros que aún continúan expuestos allí. Según relata, el hecho más destacado de todo ello fue el día de la inauguración, el 14 de marzo de este año. Asistieron cerca de una treintena de personas –especialmente jóvenes– que no dudaron en hacer cola a las puertas del local en uno de los días más lluviosos del año, esperando que abrieran la exposición. “Me asusta saber toda la gente que está interesada, pero también me emociona muchísimo”, concluye.




