El espacio cultural La Cocota del barrio del Poble-sec de Barcelona inauguró el pasado jueves, 18 de junio, la exposición Brodat col·lectiu antifa, el resultado de varios meses de encuentros comunitarios en los que una veintena de participantes han construido de manera conjunta un imaginario antifascista a través del bordado.
La iniciativa, coordinada por Laura López, nace de su experiencia personal con esta técnica artesanal. “Cuando bordé por primera vez, descubrí una práctica que me permitía parar y concentrarme. Me fue muy bien y pensé que bordar en colectivo podía ser una práctica artística antifascista”, explica López.
Así, desde La Cocota, un espacio que impulsa proyectos de acción artística comunitaria, la propuesta se planteó desde una perspectiva política y colaborativa. En lugar de organizar un taller convencional con una persona experta al frente, las participantes compartieron conocimientos y aprendizajes entre ellas, independientemente de su experiencia previa con el bordado. Los talleres se realizaron entre abril y junio.

Artistas implicadas
Para acompañar el proceso, el proyecto contó con la participación de tres artistas vinculadas a esta disciplina: la Noor, impulsora del Espai Tallerets de Sants; la Regina de Todavía Art y la Sele, miembro de la Impremta Col·lectiva de Can Batlló.
El objetivo era construir de manera conjunta una representación visual del antifascismo. El resultado es un tapiz colectivo que recoge reflexiones muy diversas sobre qué significa ser antifascista hoy. “Hemos visto que el antifascismo es amplio y diverso, en contraposición al fascismo, que plantea un imaginario homogéneo y limitado. El antifascismo puede ser cualquier práctica que implique diversidad, respeto y alegría”, señala López.
Las piezas expuestas abordan esta idea desde múltiples perspectivas: la naturaleza, la artesanía, la memoria colectiva e individual, los objetos cotidianos o incluso la comida. Según las participantes, el antifascismo se puede expresar en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Más allá del resultado final, que se puede ver estos días en La Cocota, el proyecto ha reivindicado el bordado como una práctica de resistencia al ritmo acelerado del día a día. “No sabemos todavía qué pasará con el tapiz, quizás continuaremos bordándolo o se convertirá en un tapiz itinerante”, concluye la coordinadora.





