Hay preguntas que incomodan porque son demasiado simples. ¿Cómo sería un pueblo sin arte? A partir de esta idea, aparentemente ingenua, pero profundamente inquietante, nace Stàsis d’un horitzó, el espectáculo que las alumnas de segundo de bachillerato de Arts Escèniques de l’Institut Doctor Puigvert estrenarán el próximo 17 de abril a las 19 horas en el SAT! Sant Andreu Teatre.
Stàsis d’un horitzó no es solo una obra, es un proceso. Un proceso que comenzó meses atrás y que, tal como explica la directora del proyecto, Neus Martínez, “se trata de la creación de una pieza teatral con los alumnos de segundo de bachillerato escénico”. Un laboratorio creativo donde las alumnas no interpretan solo un texto: lo construyen desde cero para entrenarse de cara al futuro interpretativo.
Crear desde la nada
El proyecto parte de una idea radical: ceder el control. Los alumnos deciden qué quieren explicar y cómo. “Se decide de qué se quiere hablar, cómo irá la pieza, qué tendrá y es entre todos y todas que se acaba construyendo esta pieza teatral”, explica Martínez. Durante seis meses, el grupo ha pasado de la intuición al escenario. Primero, explorando; después, dando forma. “Es un proyecto que empezó en octubre” y que ha evolucionado hasta convertirse en una maquinaria creativa donde todo encaja: dramaturgia, música, cuerpo, espacio.
Para hacerlo posible, han dividido el proceso en comisiones. Pequeños equipos que asumen responsabilidades reales. “Hemos creado unas comisiones que son como grupos de trabajo porque todo el mundo puede hacer todo”, detalla la directora. Un sistema que transforma el aula en una compañía.
La revolución del arte
El resultado es una pieza que desafía las etiquetas. “Es la revolución del arte”, resume Martínez. En el escenario, una historia: un pueblo que decide prohibir toda expresión artística para ser más eficiente, más productivo, más feliz. Pero lo que viene después no es orden, sino fractura. En este sentido, la ficción se convierte en espejo y el lenguaje en herramienta. “Es un espectáculo donde se mezcla canciones, texto, danza”, avanza. Una suma de disciplinas que responde a un deseo inicial tan simple como revelador: quererlo todo. Bailar, cantar, hablar... Y hacerlo con sentido.
Más allá de su estreno en un gran escenario, los alumnos experimentarán otra cuestión; quizás la más importante. “Es una superoportunidad para entender realmente cómo se articula todo el hecho de llegar a presentar un proyecto teatral”, afirma Martínez. Porque aquí no solo han aprendido a actuar; han aprendido a construir. A entender que el teatro es un mecanismo complejo: “Es un engranaje muy grande”, añade. Y cada una de los alumnos es una pieza imprescindible. El resultado no es solo una obra, sino una mirada. Una manera de entender el arte como espacio compartido, como proceso y como pregunta.

Una invitación al vecindario
El estreno en el SAT! no será solo el final del trayecto, sino también un inicio. “Creo que es interesante ver las inquietudes de los jóvenes de hoy en día”, defiende Martínez a la hora de invitar al vecindario a asistir a la sala andreuenca. "Entender qué les preocupa, qué quieren decir, cómo miran el mundo". Quizás, al final, esta es la verdadera pregunta que plantea la obra: no cómo sería un pueblo sin arte, sino cómo sería un pueblo que no escucha a sus jóvenes cuando lo crean.








