Encimeras de marisco, mesas de mármol y fotografías en blanco y negro: todo esto ha conservado desde los años 20 el Bar Mundial, que reabrió hace apenas unos meses, bajo la batuta del Grupo Confitería.
Tras mantener la persiana bajada durante casi cinco años, este local centenario de la plaza de Sant Agustí Vell vuelve a vibrar como símbolo de la identidad gastronómica y cultural barcelonesa.
El templo del boxeo
Fundado en 1925 por Miquel Tort Robiralta, el Bar Mundial se convirtió en un local con alma, ubicado en el corazón de Ciutat Vella.
Con los años, la familia Tort hizo de este establecimiento un espacio de comunidad donde convivían vecinos, comerciantes, escritores, políticos y boxeadores. El Mundial era conocido como el templo de los amantes del boxeo, especialmente en los años 30, cuando este deporte era muy popular en la ciudad. De hecho, todavía hoy en la entrada del bar se puede observar un mural de seis metros, que rememora aquellos tiempos en que los boxeadores se reunían y hacían apuestas
Con un siglo de historia, el Mundial se consolidó como la gran marisquería del barrio, con precios asequibles y un fuerte espíritu popular. Sin embargo, la llegada de la pandemia provocó el cierre de muchos bares y restaurantes. Entre ellos, el Bar Mundial, que en 2021 se despidió.
Pero no por mucho tiempo. “Nos dijeron que estaba en subasta y nos tiramos de cabeza, porque hemos sido muy ‘mundialeros’ durante años”, explica Guillem Fructuoso, del Grup Confiteria. Pero este no es el único establecimiento histórico que el grupo ha “resucitado”. También se incluyen en la lista el Cafè del Centre, el Michigan o el Paradiso, entre otros. En cada uno de estos locales, el equipo de Confiteria busca preservar la esencia original.

Atraer al público local
“En el Born, un nido de guiris, habría sido más fácil hacer una propuesta adaptada al público internacional, pero para nosotros no tenía sentido”, dice Fructuoso. Es por eso que el nuevo Mundial conjuga presente y pasado con una oferta gastronómica local y en consonancia “con la que había antes de que el barrio hubiera cambiado tanto”. Pero, más allá de servir almejas, sepia y bacalao de calidad, el Mundial pretende dar carácter a la ciudad. “Queremos que los barceloneses vuelvan a bajar al Born de manera continuada y regular”, concluye.
En un momento en que muchos bares centenarios cierran, el corazón de Ciutat Vella recupera un local con identidad y memoria.




