En 1951, Pedro Conesa abrió una tienda de comestibles en la plaza de Sant Jaume de Barcelona que pronto se convirtió en el primer frankfurt de la ciudad. Conesa, que era del Gótico, y viajaba a menudo, conoció la salchicha de frankfurt alemana y la trajo a Barcelona, donde se desconocía este tipo de bocadillo. La gente los pedía como ‘kanfort’ o ‘francort’. El hijo del fundador, Josep Conesa, empezó a trabajar allí a los catorce años y muy pronto se sumó al negocio su mujer, Marta Cortadella.
En 2025, ahora hace justo un año, este matrimonio se jubiló y, lejos de un final triste, Juan Cano y Christian Domínguez, tío y sobrino, tomaron el relevo del emblemático local Conesa Entrepans. Tal como explica Domínguez, a él y a su tío, les han unido toda la vida los bocadillos y la pasión que comparten por el motor.
Este 2026, el local celebra 75 años y lo hace con dos nuevos propietarios que, a pesar de no ser de la familia Conesa, conocen de cerca el arte del bocadillo. Por un lado, Cano, de Badalona, hace 36 años que trabaja en la empresa, desde que terminó el servicio militar, y Domínguez, de Sant Adrià de Besòs, hace 20. Empezó de joven ayudando por las tardes. “De pequeño encontraba el tiempo de donde fuera para venir a trabajar. Empecé preparando el género, controlando la nevera, recogiendo vasos y, poco a poco, pasé a hacer bocadillos”, comenta el sobrino.
“El barrio ha cambiado”
Hace justo un año que tío y sobrino llevan el negocio y, tal como expresa Domínguez, se sienten muy agradecidos porque “continúan teniendo clientes de aquí”. A pesar de los mil esfuerzos que les ha supuesto el traspaso, se enorgullecen de continuar “siendo “una ‘bocatería’ de barrio””.
Ahora bien, también critican que el Gòtic “ha cambiado”. Y es que Conesa Entrepans es uno de aquellos milagros de Ciutat Vella, como lo podría ser la Sombreria Ubach, que data de 1924 y que queda allí cerca. La plaza de Sant Jaume las ha vivido de todos los colores y no hace falta viajar a los años cincuenta para comprobarlo. Domínguez, que trabaja allí desde los dieciséis años, explica que en las dos últimas décadas ha observado cómo el barrio perdía marca local: “Cuando cerraron los Pessebres Deulofeu pusieron un Starbucks y para nosotros fue un choque. También, aquí cerca, había una tienda de fotografía de toda la vida que cerró y ha ido pasando de mano en mano. Ahora están los Torrons Vicens, que dan un poco de calidez, pero es que antes había una tienda de camisetas”, lamenta.
Otro cambio sustancial es que hace setenta años la competencia era de barrio y no de grandes multinacionales. “No podemos pagar los alquileres como lo hacen ellos”, dice Domínguez. Tienen dos gigantes cerca: un McDonalds en la calle Ferran y un Pans and Company en la plaza de Sant Jaume. Estos negocios, asegura, no les han hecho cambiar directamente la carta. Cuando la han cambiado ha sido porque “la sociedad ahora quiere otro tipo de bocadillo”. Domínguez continúa relatando que, hasta hace veinte años, la oferta era más reducida y se escogía entre el bocadillo de frankfurt, de lomo, de queso o de salchicha del país. “Ahora la gente los quiere combinados, que lleven cebolla, por ejemplo. Si antes la mitad de los que vendíamos eran frankfurts con mostaza, ahora representan el 20%”, detalla, y añade que aquello que no han cambiado son las planchas con las que tuestan el pan: “Hace sesenta años que las usamos y nosotros mismos las arreglamos cuando se estropean, así les damos más vida”.
¿Cuáles son los bocadillos que más venden ahora? Tal como explica este restaurador, los más famosos son el de Butifarra de ajos tiernos, que lleva champiñones, boletus, cebolla caramelizada y la emblemática “salsa de la Marta”, la que hacía Marta Cortadella, la cual continúan haciendo como el primer día, y también el Catalán, que lleva salchichas del país, queso Gouda, cebolla caramelizada y juliana de pimientos. Según dicen, este último gusta mucho a los turistas que quieren “algo propio del país”.

El bocadillo de los políticos y los actores
Todos estos bocadillos han servido, además, para alimentar a más de un político hambriento de los que han frecuentado, en diferentes momentos, la plaza de Sant Jaume, como por ejemplo, Carles Puigdemont. “Con todo el revuelo de la independencia, un día salió tarde de la Generalitat y hacia las nueve y media entró a hacer un Català”, recuerda Domínguez.
Este local también lo han visitado en los últimos años Jordi Pujol, Ada Colau, Jaume Collboni, Miguel Bosé o Joan Laporta. “Laporta ha hecho más de un bocadillo en la ventanilla del local”, explica. Y de entre las estrellas internacionales encontramos a la pareja Elsa Pataky y Chris Hemsworth. “Vinieron de vacaciones a Barcelona con la familia y comieron dentro un bocadillo”, comenta Domínguez.
Hablando del turismo de la ciudad, el actual propietario observa que, a diferencia de hace años, ahora no hay una hora concreta para servir bocadillos, cualquiera es buena: “Por la mañana, a las 8:30 h, vienen muchos asiáticos y hacia las once o las doce se junta la gente nacional que desayuna con los turistas que ya comen”, detalla. En verano, en cambio, “no sabes a qué hora vendrán, hay trabajo todo el día”, y añade que esto es “síntoma de la diversidad de la ciudad”.
Bocadillos para días marcados
Esta semana vivirán una de las citas más especiales: el día de Sant Jordi. Un día que se añade a fechas señaladas como Navidad, especialmente de la Fira de Santa Llúcia, o la Diada Castellera de La Mercè. “Los castellers, cada año, nos esperan a las 8.30 h para desayunar”, dice con orgullo.
Son muchas las anécdotas que ha vivido la familia Conesa, Juan Cano, Christian Domínguez y sus trabajadores y que todavía se huelen en el obrador. Para terminar, el de Sant Adrià explica que lo mejor de este negocio es el ambiente de trabajo, especialmente por la fuerte relación forjada con su tío. “Tenemos una muy buena relación, siempre me ha ayudado y con los trabajadores estamos muy contentos. Al final pasamos más horas allí que en casa. Somos una pequeña familia”, concluye.




