En un momento en que el comercio electrónico sigue ganando terreno y muchas calles comerciales ven cómo las persianas bajan definitivamente, en Barcelona se está desplegando un proyecto que apuesta por todo lo contrario: hacer visible, reivindicar y dignificar el pequeño comercio a través del arte urbano.
Se trata de una iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona, organizada por la Barcelona Creativity & Design Foundation, con la coordinación artística y ejecución de Rebobinart. El proyecto realiza intervenciones artísticas en 10 distritos de la ciudad para convertir 170 persianas en pequeñas piezas de arte urbano vinculadas al comercio de proximidad.
El comercio de barrio como relato compartido
Marc Garcia, director y fundador de Rebobinart, explica cómo nació este proyecto: “Recibimos la propuesta e hicimos una convocatoria abierta que recibió las candidaturas de 70 artistas locales”. De estos han seleccionado 10, que ya están trabajando en las obras para terminarlas pronto.
Todo ello, en un proyecto que busca visibilizar el comercio local y de proximidad para animar a la ciudadanía a hacer un cambio en los hábitos de consumo. “El comercio local te da algo que internet no puede: conocimiento, conversación, confianza y calidad. No es lo mismo comprar una bicicleta en una tienda de barrio que hacerlo sin ningún contacto humano”, dice Garcia.
“Recorrer la ciudad como una ruta de arte urbano”
El proyecto se extiende por 10 distritos de Barcelona y prevé pintar unas 170 persianas de comercios de proximidad. En cada zona participan diferentes artistas, con el objetivo de llegar a muchos puntos de la ciudad.
Hay distritos con ejes muy definidos y otros más fragmentados. “Cuando el proyecto esté completo, la ciudad se podrá recorrer como una ruta de arte urbano y comercio de barrio”, dice Garcia, y añade: “Algunos comercios, como los del Clot, se podrán hacer a pie; otros, como los de Les Corts, se tendrán que visitar en bicicleta por la dispersión de sus comercios”.

Estilos diferentes para explicar una misma ciudad
Estos son los artistas y sus zonas asignadas: Roc Blackblock ha pintado las del Eix Clot; Jalón de Aquiles, las del Eix Fabra i Virrei; Emily Eldridge, las de Cor d’Horta; Guillem Font, las de Gràcia; Carolina Bagnato, las de la Marina; Axe Colours (Adrià Bosch), Comerç Divers en l’Eixample; Daniel Thomás, las de Som Sant Antoni; A2zeta (Martí i Jan), las de Sarrià; Albert Peinado, las de Les Corts; Irene López, las de Ciutat Vella y Gemma Fontanals, las de Sant Andreu.
Todos ellos han puesto su arte, estilo y esencia en cada comercio que intervienen. Hay propuestas más gráficas, otras más pictóricas y algunas con un tono más simbólico o narrativo, incluso naïf.
“En Gràcia, por ejemplo, hay persianas que relacionan el comercio con elementos naturales como plantas. Cada distrito tiene su propia historia”, explica Garcia.

Roc Blackblock y el Clot: un barrio que conoce muy bien
Uno de los artistas participantes es Roc Blackblock, que ha pintado las persianas del Clot. Su testimonio aporta una mirada más íntima sobre el proceso creativo y la relación con el barrio. “Hace 25 años que vengo a este barrio”, explica.
“Opté por trabajar con un hilo conductor: una misma paleta de colores e imágenes centrales donde aparecen los materiales y productos de las tiendas. Quería que hubiera unidad, pero también que cada comercio se pudiera reconocer con sus elementos más característicos”, detalla.
El proceso, sin embargo, no ha sido sencillo. Las intervenciones se han tenido que hacer en horarios muy específicos, cuando los comercios están cerrados, a menudo los domingos. “Ha sido un proyecto exigente. He trabajado muchos domingos y también intensamente durante Semana Santa. Pero ha sido un placer”, afirma el artista.
Comercio, memoria y patrimonio vivo
Para Blackblock, el proyecto conecta con una dimensión que va más allá de la pintura. “El comercio es patrimonio de la ciudad y del País. Es memoria viva”, afirma.
También se puede hacer una lectura sobre el modelo de comercio actual y nuestros hábitos de consumo actuales: “Somos víctimas y verdugos de la compra digital. Pero no da ni de lejos el mismo trato ni la misma calidad que el comercio de proximidad”, dice el artista.
En su caso, la relación con los comercios también tiene una capa personal, ya que conoce muy bien a muchos de los que ha podido pintar: “En la pastelería La Palma había comprado mi bisabuela. Iban a buscar turrones. Esto te conecta con una historia que no es solo la tuya”. Y esto le hace sentir muy orgulloso, porque ha podido tocar una temática diferente a la que trabaja normalmente: la memoria histórica y ha podido aportar su granito de arena para fortalecer el tejido comercial del Clot.

Actualmente está en Montjuïc donde pinta un mural dedicado a las Brigadistas Internacionales, y ya tiene una buena lista de nuevos encargos por hacer y eso dice, es muy gratificante.
Un proyecto que es mucho más que un mural
En definitiva, lo que se está construyendo en Barcelona este año es mucho más que una intervención artística: es una manera de releer la ciudad a través de sus comercios, de sus historias y de las personas que los hacen posibles. Cuando las 170 persianas estén acabadas, la ciudad habrá hecho un homenaje a algunos de sus comercios más emblemáticos y habrá embellecido unas persianas que podremos disfrutar cuando estén bajadas, eso sí, no porque hayan tenido que cerrar, sino porque estén descansando. Un descanso merecido, porque hoy en día levantar una persiana es toda una proeza que ya tiene una obra de arte que lo recuerda a la ciudadanía.




