Treinta años después de su fundación, la colla de diablos y tamborileros Els Bocs de Can Rosés colabora con el tejido asociativo del barrio e impulsa proyectos autofinanciados para poder mantenerse muchos años más.
En un contexto de consolidación de las primeras collas de diablos en la ciudad de Barcelona, el año 1996 nació la asociación de los Bocs de Can Rosés para ofrecer el primer pasacalles de fuego en la fiesta mayor del barrio de Les Corts de aquel mismo año. “Para estar a punto para la primera actuación tuvimos que correr, pero, a la hora señalada, estábamos con nuestros vestidos más o menos pintados y nuestras horcas preparadas, influenciadas por la colla de Terrassa”, explica Enric Pradas, uno de los fundadores de la entidad. El año siguiente, en 1997, recuerda Pradas, la colla de los Bocs de Can Rosés ya representó el barrio de Les Corts durante las fiestas de la Mercè donde, por primera vez, participaron tanto diablos como tamborileros.
A punto de desaparecer
Con el paso de los años, la pandilla fue creciendo y se dio a conocer por toda Cataluña, colaborando constantemente con otras pandillas de diferentes ciudades.
Sin embargo, la asociación fue perdiendo miembros progresivamente. “El tiempo hizo que algunos de los que estaban al principio se cansaran y, en 2006, estuvimos a punto de desaparecer”, comenta Pradas. Aun así, los miembros que aún mantenían la pandilla activa llevaron a cabo numerosas reuniones para reestructurar el proyecto. “Todo volvió a funcionar, un grupo bastante numeroso, cohesionado e ilusionado continuaba cerrando las fiestas del barrio en la plaza de Can Rosés año tras año”, recuerda con orgullo Pradas. En aquel momento, la pandilla reunía a mucha gente joven con ganas de participar en los diferentes eventos que se organizaban.
En la actualidad, sin embargo, entre los tamborileros y los diablos la colla está formada por más de 30 miembros, la mayoría vecinos del distrito de entre 20 y 40 años. “De vez en cuando, también hay gente de Sants y de otros barrios que hacen frontera”, explica Ramón Navarro, miembro de los Bocs desde hace más de una década. Navarro comenta que “el mundo del fuego es un espacio bastante masculinizado”. Es por eso que la entidad “trabaja de diferentes maneras para que esto no sea así”, por ejemplo, nombrando tanto a un hombre y como a una mujer como a jefes de colla.

“El Ayuntamiento no ayuda”
Con la voluntad de mantener vivo el tejido asociativo, los Bocs colaboran constantemente con las otras seis collas de diablos del distrito. “También nos invitan a participar en actos por toda Cataluña”, expresa Navarro.
Aunque la tradición de los correfocs y los tabalers continúa viva, este vecino de Les Corts señala que el relevo generacional no está asegurado. “La gente que entra se queda dos años y después se marcha”, lamenta Navarro.
Para hacer frente a esto y aprovechando la celebración de su 30º aniversario, la colla de los Bocs ha publicado un cuento infantil y ha impulsado una campaña de micromecenazgo. El libro explica la historia de Aegis, la bestia de fuego de la colla, que este 2026 también celebra 10 años de vida.
“Tenemos que buscar otras fuentes de financiación porque el Ayuntamiento no nos ayuda”, denuncia Navarro. Los miembros de la colla explican que están sometidos a una licencia de vía pública con unos horarios para ensayar “muy limitados”. “Nos faltan infraestructuras”, exigen.
A pesar de ello, el próximo 6 de junio, los Bocs de Can Rosés celebrarán sus 30 años en la plaza de Can Rosés. “Tenemos que trabajar por un barrio que no se puede dejar perder”, concluye Pradas.




