Truchas y croquetas como bandera: el bar de Sant Just que no te puedes perder

18 de diciembre de 2025 a las 08:00h
Actualización: 22 de diciembre de 2025 a las 17:13h
El bar La Nata se ha especializado en la elaboración de tortillas y croquetas. Foto cedida

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Hay un bar con cuatro décadas en Sant Just donde puedes probar una deliciosa tortilla de trufa con queso. También de hamburguesa, pintxos o bacalao. O otra con un huevo frito encima

Todo son creaciones culinarias, auténticas delicatessen y obras de autor de Aitor Pallarés, el hijo de la propietaria de La Nata, bar que abrió en 1981 y que antes era una mercería, según explica él mismo. Aitor también es el ‘tortillero’ del local, tal como muestra un divertido cartel de grandes dimensiones que hay en la puerta, donde están representadas fidedignamente las figuras del mencionado torero y de su hermana, la ‘croquetera’ Judith Mas.

Un templo de truchas y croquetas: dos hermanos de Sant Just llevan un bar de 1981 a otro nivel. Foto cedida
Un templo de truchas y croquetas: dos hermanos de Sant Just llevan un bar de 1981 a otro nivel. Foto cedida

En La Nata también hacen unas croquetas muy especiales. Son “croquetones 100% caseros, con gustos de toda la vida u otros bien originales”, se puede leer en una de las tarjetas de promoción que se pueden coger en la barra. Por lo menos, tanto o más originales que las tortillas. Las hay de hamburguesa del McDonalds, de pollo o de ternera, “una de las que más llaman la atención y más pide la clientela”, apuntan los hermanos.

Cada día hacen de diferentes, tanto de croquetas como de tortillas, con ingredientes muy diversos. “La que más piden es la clásica con cebolla, aunque también triunfan la de trufa con brie o la smash burger, una tortilla con una hamburguesa dentro, acompañada de cebolla caramelizada”, detalla Aitor.

Una vez en el negocio

“Las croquetas las empezamos a hacer hace cuatro años y las tortillas, hace dos”, explica el truiter. “Esto era un bar normal de toda la vida, de mi madre y antes de mi abuela, y decidimos darle una vuelta al negocio”, continúa detallando el experto en tortillas, que afirma que la idea ha tenido “impacto” en el vecindario, no solo de Sant Just sino también de Esplugues, Sant Feliu, Sant Joan y otras poblaciones metropolitanas. “Ahora, con las tortillas y las croquetas el local se llena más que antes”, ratifica el cocinero, que admite que usan las redes sociales para salir del pueblo y llegar un poco más allá.

Aunque el local es de pequeñas dimensiones, una terraza exterior contribuye a acoger a más clientes, como un trabajador de una reconocida empresa de la zona que, al ver la tortilla de pintxos, no ha dudado ni un momento en probarla. O el redactor de este artículo, que no ha podido resistirse a la tentación de probar la tortilla de trufa y queso. Un desayuno muy original en el bar del truiter y la ‘croquetaire’.

 

 

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