Julia Genís es una joven actriz que comenzó su carrera en 2018. Quizás la hayas podido ver en obras como ‘El misantrop’, ‘L’alegria que passa’ o ‘Ifigènia’ o la serie ‘Com si fos ahir’. Ahora, a partir del 5 de febrero y hasta el 29 de marzo, la podemos ver en el Texas con ‘Loop’. Se trata de una obra escrita por Ramon Madaula, con quien Genís también comparte escenario, todo bajo la dirección de Mònica Bofill. Después de una temporada exitosa en la Sala Flyhard, este año llega al teatro de la calle Bailèn, 205 para poner sobre el escenario las relaciones entre padre e hija y las conversaciones pendientes. La obra pone la mirada en estos bucles familiares y en la gestión y comunicación de esta relación con preguntas como: ¿quiénes somos cuando intentamos no parecernos a los padres?
¿Te formaste en el Institut del Teatre (IT), pero siempre habías tenido claro que querías ser actriz?
Sí. Mi familia está relacionada con el mundo del teatro, mi padre es actor y mi madre ha sido profesora de música toda la vida, entonces siempre he estado relacionada de alguna forma con eso. Decidí que quería ser actriz a los 13 años, más o menos, de repente tuve muy claro que esto era lo que me gustaba, una especie de revelación divina. Entonces pedí a mis padres empezar a dar clases de teatro y empecé en la cantera de Eòlia, después en el estudio de Laura Jou y como en el IT entré la segunda vez que me presenté, hice un año en el Col·legi de Teatre.
¿Y en algún momento te ha pasado por la cabeza dejarlo o dedicarte a otra cosa?
No, la verdad es que no. Hay que decir que me considero muy afortunada, yo empecé a trabajar antes de acabar el Institut del Teatre y aunque hay épocas de todo, he tenido la suerte de que me han ido saliendo las cosas y eso también hace que no me lo haya tenido que plantear tanto. Aun así, siento que no sé si podría o sabría hacer otra cosa. Actuar es algo que me gusta, me apasiona mucho, me lo paso muy bien y cada vez lo paso mejor en el escenario, se me haría muy difícil plantearme cambiar
La obra habla de estas relaciones o conversaciones entre un padre y una hija, ¿te has podido sentir representada o identificada?
Sí, pero es que pienso que todo el mundo se puede sentir representado. Hay frases que las has oído en casa, frases de esas sacadas del comedor de casa. Ramon ha hecho un muy buen trabajo, porque es un texto muy natural y al mismo tiempo es muy representativo de la relación padre-hija. Esa cosa de: nos queremos mucho, nos tenemos mucho cariño, pero no sabemos cómo decirnos las cosas, y tú me tiras una pulla, yo te tiro otra, y vamos escalando.
¿Cómo es trabajar con un actor tan reconocido y con la trayectoria de Ramon Madaula?
Ha sido muy interesante, como que solo somos él y yo y además él, a parte de ser el actor, es el autor, eso le da un conocimiento de la obra mucho más completo. A parte de tener un compañero de escena, que es increíble y es buenísimo, te puede decir por qué exactamente ha escrito aquella frase, aunque también da libertad a que las cosas puedan cambiar y se abre a todas las posibilidades. Ha sido muy chulo, aunque la dirección escénica es de Mònica Bofill, Ramon también ha puesto mucha cucharada interpretativamente. Él me ve y me dice cosas o apuntes a veces y al mismo momento valora mucho, cuando yo hago una cosa que le gusta y que le sorprende. Ha sido muy gratificante en los dos sentidos, como aprender y crecer personal y artísticamente, y al mismo tiempo sentirte muy valorada por alguien que tiene tanta experiencia.
¿Cómo llevas o gestionas las críticas u opiniones que se hacen de las obras o de tus proyectos?
La verdad es que es una parte que me cuesta. Estoy en un punto ahora mismo que me cuesta un poco vivirla. Por un lado intento no basar mi validez escénica en el reconocimiento exterior, aunque es muy gratificante recibirlo. También se valora mucho las críticas, sean buenas o malas, cuando están bien escritas o fundadas, pero al mismo tiempo estoy en un momento de intentar aprender que hay cosas que salen mejor, cosas que salen peores y no siempre puedes estar al 100%. Está bien no basar lo que tú eres o lo que tú haces en darle todo el poder en el reconocimiento externo. Además, cuando has estado dentro de un proceso, también entiendes de dónde vienen las cosas o las decisiones que se han tomado. Ya tienes un cierto criterio de qué está mejor y qué está peor, o de lo que haces mejor o de lo que haces peor. Es bonito poder confiar en los proyectos y creer en aquello que estás haciendo desde dentro para poder defenderlo al 100%
‘Loop’ fue una obra muy bien acogida en la sala Flyhard, esta temporada venís al Texas, ¿por qué crees que se recibe tan bien o al público le ha interesado tanto?
Creo que Ramon ha tocado una tecla que es muy chula porque todo el mundo se puede sentir identificado. Es muy bonito cuando notas que la gente ríe de reconocimiento. La obra no es ni una comedia ni es una tragedia, es una especie de situación tragicómica, pero la gente ríe de reconocerse en la situación; y eso creo que es el objetivo del teatro, que la gente se pueda sentir identificada y que la mueva a algún lugar. Yo creo que por eso funcionó muy bien, la obra está hecha para que te parezca que entras en el comedor de casa y estás viendo algo que pasa entre dos individuos de una familia. A mí me gusta mucho sentir que la gente se siente identificada y que no se pone de acuerdo con la cabeza de los dos personajes. Hay cosas de uno que te caen muy mal, cosas del otro que te caen muy bien, cosas que estás de acuerdo con uno y cosas con el otro; no te puedes acabar de posicionar porque ambos tienen razón, pero ambos no la tienen, es chulo porque no es moralista en este sentido.
¿Qué te da el teatro que no te dan otros formatos o propuestas audiovisuales?
Los nervios de cada día. En proyectos más, en proyectos menos, pero nervios siempre hay. Hay algo muy bonito del teatro: es único e intransferible lo que pasa un día de lo que pasa al día siguiente. Lo que ve un público un día quizás no lo vuelve a ver nadie. Y también hay algo del hecho de que en el teatro no te puedes rendir nunca. En el cine es muy diferente el código, porque tú lo estás haciendo y si no sale una cosa, seguramente se podrá repetir. En cambio, en teatro, si te pasa algo, no te puedes rendir. Estás aquí, la gente está a tu alrededor, y tú estás expuesto y lo tienes que salvar. La sensación esta de no poderse rendir, también por honrar a la gente que viene a ver el teatro y que tú le puedas dar lo mejor que puedes ese día la encuentro bonita. Eso creo que te hace estar al pie del cañón cada día
De cara a futuros proyectos o lo que está por venir, ¿hay algo que tengas ganas de probar o alguna propuesta que te apetezca?
La verdad es que hasta ahora he tenido mucha suerte. Me han llegado propuestas absolutamente diferentes entre ellas, y todas han sido muy gratificantes de hacer, porque he aprendido mucho de todas y de toda la gente con la que he trabajado. Este año justamente he grabado por primera vez una película y me ha gustado mucho la experiencia. Quizás probar algo más audiovisual me gustaría, pero estoy abierta a descubrir la interpretación desde otros ámbitos. Quizás a veces no todo es desde subir sobre el escenario, o no hay solo una manera, estoy descubriendo que el mundo del intérprete tiene muchas facetas y que todas son muy válidas, y que está bien poder ser versátil.




