La sirena volverá a sonar en la Fabra i Coats. No anunciará el inicio de un turno de trabajo ni la salida de miles de obreras del textil, pero sí la apertura de un nuevo espacio que mira directamente al pasado industrial de Barcelona. El próximo 9 de mayo, Sant Andreu inaugurará oficialmente el nuevo espacio Fabra i Coats. Museo de Historia de Barcelona, un proyecto largamente reivindicado que convierte una de las naves de la antigua fábrica en un gran centro de memoria del trabajo y de los movimientos obreros de la ciudad.
Ubicado en la antigua Fábrica 10 del recinto fabril, el nuevo equipamiento nace con una voluntad clara: explicar Barcelona desde la perspectiva del trabajo, de las fábricas, de las luchas sociales y también de todas aquellas tareas invisibilizadas que han sostenido la ciudad durante décadas. El museo pone el trabajo en el centro del relato histórico de la Barcelona contemporánea y lo hace desde uno de los símbolos industriales más importantes de Sant Andreu.
La inauguración comenzará a las 18 horas con un gesto cargado de simbolismo: el sonido de la antigua sirena de la Fabra i Coats. Después llegarán los parlamentos institucionales, el Ball de Teixidores del Esbart Maragall y la música de los grallers Els Petritxols, en una jornada que busca conectar patrimonio, memoria y cultura popular.
Un museo para entender la Barcelona obrera
El nuevo espacio se estructura en tres grandes ámbitos. El primero es la exposición estable La Fabra i Coats de Sant Andreu: empresa, trabajo y memoria, que recorre la trayectoria de la histórica empresa textil entre 1903 y 2005 y su relación con el barrio. El segundo es Barcelona, ciudad y trabajo, una mirada más amplia sobre la evolución de los mundos laborales entre los siglos XIX y XXI. Y el tercero es una reserva visitable con más de 4.000 piezas vinculadas al mundo del trabajo, procedentes de la Fabra y de otras empresas y entidades.
El proyecto reivindica tanto las luchas obreras como los trabajos históricamente invisibilizados, especialmente los vinculados a las mujeres y los cuidados. “Quiere dar visibilidad especialmente a aquellos colectivos y a aquellas tipologías de trabajos que están revisadas en el diario de la historia”, ha explicado el jefe de administración de recursos del Museo de Historia de Barcelona, Pascual Bayarri, durante la presentación del proyecto al Consejo de Barrio de Sant Andreu de Palomar.
Bayarri también ha subrayado la importancia de Sant Andreu en la historia industrial de Barcelona: “Este equipamiento pretende colocar un foco de interés cultural, patrimonial e histórico en el barrio de Sant Andreu para darle la relevancia y el peso que ha tenido siempre en la historia de los movimientos obreros”.

La lucha por salvar la memoria de la fábrica
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que este museo no se entiende sin la perseverancia de los antiguos trabajadores y de las entidades del barrio. Durante años, cuando la fábrica cerraba y muchas piezas acababan abandonadas o condenadas a desaparecer, varios extrabajadores empezaron a rescatar maquinaria, documentos y objetos industriales. Entre ellos estaba Pere Seda, extrabajador de la Fabra i Coats: “Por aquí pasaron 70.000 personas”, recuerda, después de dedicar años a preservar todo tipo de maquinaria y documentación de la fábrica. De hecho, Seda señala que ya en los años ochenta algunos trabajadores intuían el final de la producción industrial y empezaron a preservar materiales históricos.
Gracias a este trabajo, hoy el museo conserva miles de piezas originales: bobinadoras, herramientas, carros industriales, documentación y objetos cotidianos que explican cómo era la vida dentro de una de las grandes colonias industriales de Barcelona. El proyecto también incorpora aportaciones de la Pegaso, La Maquinista, Mercedes-Benz y otras entidades del distrito.
Un proyecto de ciudad con ADN andreuense
La rehabilitación de la nave y toda la museografía han sido financiadas con más de 3 millones de euros de los fondos europeos Next Generation. Según Bayarri, los auditores europeos llegaron a considerarlo “uno de los mejores proyectos museísticos financiados con fondos Next Generation en Cataluña”. Más allá del relato industrial, el museo aspira a convertirse en un nuevo polo cultural de ciudad fuera del centro de Barcelona y reforzar el papel de Sant Andreu dentro del mapa cultural barcelonés.




