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El escultor olvidado de L'Hospitalet a pesar de tener 36 obras de arte público por todo el mundo

4 de diciembre de 2025 a las 08:00h
Actualización: 08:46h
La pasión por la escultura le llegó entre los trozos de acero y las piezas metálicas con las que arreglaba los coches. Foto: Joanna Chichelnitzky

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Describir la obra y la figura del escultor Ferran Soriano no es una tarea fácil. En el pasado, la exalcaldesa de L'Hospitalet, Núria Marín, aseguró que se trataba de uno de los "artistas locales más internacionales" que ha tenido nunca la ciudad. Otros, como el reconocido poeta Miquel Martí i Pol, lo tildaron de "mediterráneo y apasionado", quien con su obra "pasea el sentimiento, los ojos y las manos por la mitología, y enaltece la nobleza de los dioses". Y voces como la del escritor y periodista Paco Candel no dudaron en ver a Soriano como un ejemplo clásico de aquellos artistas "hijos de familia humilde" cuya condición económica ha sido un lastre para dedicarse plenamente al mundo del arte.

Hoy en día, sin embargo, es posible que debamos coincidir con las palabras del historiador local, Ireneu Castillo, quien hace poco en un artículo lo definió como “el verdadero y olvidado referente artístico de L'Hospitalet de Llobregat”. Y es que, a pesar de tener 29 obras de arte público en Cataluña –y 36 en el mundo–, una docena de premios y haber realizado cerca de 70 exposiciones individuales, parece que la huella de Soriano pasa desapercibida. Para recuperar esta figura del olvido colectivo, sin embargo, quedamos con él al pie de su escultura Conseqüències d’equilibris, en el Parque de Bellvitge, en L'Hospitalet.

Pintor, escultor y chapista de coches

Nacido el 1 de octubre de 1944 en el barrio de Les Corts de Barcelona, Soriano se adentró en el mundo artístico a través del dibujo. Según él, desde pequeño pasaba los ratos muertos con papel y lápiz en la mano. “No sé decir cuándo empecé, ni tampoco por qué me dediqué a ello, pero sí que recuerdo la sensación de frustración cada vez que no me salían bien los dibujos, y cómo lo seguía intentando una y otra vez”, explica.

Las clases de dibujo técnico en la escuela le ayudaron a formalizar la práctica, pero no durante mucho tiempo. A partir de los 14 años, después de llevar dos como ayudante de relojero en El Clot, Soriano tuvo que abandonar la escolarización para hacer de aprendiz de chapista de coches en la fábrica Citroën, en el centro de la capital catalana, donde trabajaba su padre.

Curiosamente, la pasión por la escultura le llegó entre los trozos de acero y las grandes piezas metálicas con las que soldaba y arreglaba los coches abollados que venían al taller. De hecho, la primera vez que hizo una escultura fue hacia los 20 años, cuando trabajaba en la nueva sede de Citroën de Esplugues de Llobregat. “En el taller empiezo a coger la chatarra y a moverla a mi gusto, medio en broma medio en serio. Y probando y retocando, acabaron saliendo”, recuerda Soriano. De aquellos primeros experimentos, creados de forma espontánea y natural, Soriano hizo tres esculturas que expuso junto con sus pinturas en su primera muestra en 1971, en la Agrupació d’Amics de la Música del municipio de L'Hospitalet –donde vivía desde 1969.

El mismo día de la presentación, un coleccionista de arte le compró dos cuadros y una escultura y, de hecho, fue uno de los primeros que vieron su potencial como escultor. “Me dijo que mis pinturas estaban bien, pero que donde me movía mucho mejor era con el hierro”, reconoce. “Así empezó mi afición por la escultura”, bromea.

Ferran Soriano, con su escultura en el Parc de Bellvitge de l'Hospitalet. Foto: Joanna Chichelnitzky
Ferran Soriano, con su escultura en el Parc de Bellvitge de l'Hospitalet. Foto: Joanna Chichelnitzky

Paco Candel, amigo y mentor

Durante los años siguientes, Soriano no deja de hacer exposiciones por toda Cataluña y España: en el 72, en la Caixa de Pensions de Ibiza y en el Estudi d’Art de Ràdio Barcelona, en el 73 en la Galería Taller de Picasso, en la Sala Montparnasse de Sevilla y en la Galería Atena de Tarrasa, y en el 74 en el edificio del Banc Mercantil de Barcelona. Ese mismo año fue a París en un viaje de estudios, y en el 75 el Ayuntamiento de L'Hospitalet de Llobregat le concedió una beca para estudiar en Roma con el escultor Ricardo de Miceli, durante seis meses. “En Roma aprendí los métodos tradicionales de la escultura, pero me di cuenta de que no iba con mi carácter ni con mi manera de entenderla”, reconoce.

Aunque la trayectoria artística de Soriano sea abundante desde sus inicios, él mismo admite que una de las personas que le “abrieron las puertas al reconocimiento y a la prensa” fue el escritor y periodista Paco Candel. En esta etapa artística, Soriano y Candel se conocieron en una exposición y se hicieron amigos, cautivados mutuamente por sus obras. En este sentido, a partir del primer encuentro en el 72, Candel acudiría habitualmente a todas las presentaciones del escultor o, incluso, quedaban para desayunar a menudo en el bar La Flama de L'Hospitalet. De hecho, su amistad creció hasta tal punto que Candel hizo la presentación de la exposición de Soriano en la Galeria Taller de Picasso el 73, también escribió incontables artículos sobre las esculturas de Soriano y, finalmente, redactó la biografía del escultor en un libro editado en el año 1988 por el Ayuntamiento de Barcelona. “Candel, aparte de un gran amigo, también fue mi mentor, y de él siempre conocí su parte más humana”, insiste.

Así pues, en total Soriano realizó más de 75 exposiciones individuales, así como numerosas colectivas en Cataluña, España, Italia, Francia, Holanda, Rusia, Andorra, Bélgica y EE. UU., entre otras. También ganó una docena de premios e hizo 36 obras en lugares públicos, entre las que en el área metropolitana destacan el Vol dels Coloms (1976) en L'Hospitalet de Llobregat, la obra Sant Jordi (1976) en la Diputación de Barcelona, el Homenatge a Maria Aurèlia Capmany (1991) en Barcelona, la escultura A Gaudí (2003) en Sant Boi de Llobregat o Projecció de l’Atleta Mediterrani en el Jardí de la Masia del Fútbol Club Barcelona. Además, cabe remarcar que gran parte de sus obras siempre tenían un importante trasfondo de justicia social, como es el caso de Conseqüències d’equilibris, una escultura que quiere reconocer la memoria del vecindario que luchó por los servicios esenciales en L'Hospitalet durante la época de autoconstrucción de los barrios.

A pesar de esta trayectoria tan abundante, cabe destacar que Soriano estuvo hasta el año 92 combinando la creación artística con el trabajo en el taller para poder ganarse la vida. Y, de hecho, cuando saltó a la piscina para intentar dedicarse a la escultura en 1992, la crisis hizo “desaparecer toda la red de contactos y compradores habituales” y por eso se vio obligado a volver al taller de coches.

Soriano ha realizado más de 75 exposiciones individuales. Foto: Joanna Chichelnitzky
Soriano ha realizado más de 75 exposiciones individuales. Foto: Joanna Chichelnitzky

Perder el estudio, perder el mundo

Además del taller de coches, Soriano tenía un estudio artístico en Sant Boi de Llobregat. Durante casi 30 años, el escultor creó y expuso gran parte de sus pinturas, poemas y esculturas en el municipio del Baix Llobregat, y se convirtió en todo un epicentro cultural. En 2023, sin embargo, el arte de Soriano también se vio trastocado por la crisis de la vivienda. “La presión inmobiliaria y los fondos buitre hicieron que no pudiera renovar el contrato y que me viera obligado a abandonar el estudio”, lamenta.

En este sentido, relata este episodio con gran dolor, tanto a escala artística como personal. “Me quedé vacío. Perder el estudio fue como perder todo el mundo que había creado y donde más libre me había sentido nunca”, repite. Nunca ha podido volver a encontrar un espacio de las mismas dimensiones y, de hecho, fue el Ayuntamiento de Sant Boi quien le cedió un almacén donde guardar sus obras. “No es un lugar para hacer esculturas, sino para guardar todo lo que tenía en el estudio anterior”, recalca. Con todo, sin embargo, asegura que cada vez que va allí para recuperar algún documento, se le “cae el alma a los pies”.

Hoy en día, Soriano expone de forma esporádica allá donde le llaman, como con la exposición Esquitxos d’una vida, en L'Hospitalet. Asegura que todavía tiene proyectos entre manos, especialmente vinculados al mundo de la poesía. “Me gustaría editar todos mis poemas y dibujos en un único libro, y estoy pendiente de ver cómo publicarlo”, recalca. Así pues, si bien ha tenido que parar la producción frenética de esculturas por “problemas de salud”, la pérdida del estudio y porque no tiene “la misma energía que antes”, la trayectoria artística y vital de Soriano lo convierten, efectivamente, en “el verdadero referente artístico de L'Hospitalet”, tal como dice Irineu Castillo.

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