A pesar de la diversidad de propuestas, la voluntad de mirar el mundo con más atención, compromiso y conciencia crítica está presente en todas estas exposiciones. Cuerpos y materia que se transforman, paisajes que remiten a la indeterminación de la realidad o a la disolución de figuras humanas, objetos cotidianos cargados de historia o materiales que llevan inscrita la violencia colonial. Se las presentamos a continuación.
En primer lugar, el Centre d'Art La Capella acoge hasta el 5 de julio dos exposiciones que, a pesar de ser independientes, dialogan alrededor de la fragilidad de los cuerpos y la efimeridad de la materia. En el Espai Capella, la artista irlandesa Sinéad Spelman presenta Turba, una muestra de dibujos de trazo ligero que cuestiona la separación artificial entre cuerpo y naturaleza, individuo y mundo, tomando como referente la turba, un material orgánico tradicional en Irlanda. En el espacio Rampa, el escultor Mikel Adán Tolosa exhibe Porque me gusta vivir aquí, una exploración de la coexistencia entre piedra y mantequilla como materialidades opuestas. Para mantener las esculturas de mantequilla, el artista optó por peanas refrigeradas en lugar de neveras cerradas, preservando así la visibilidad de la condición efímera de lo orgánico. Algunas piezas se exponen también en comercios locales del barrio, añadiendo un gesto de deslocalización a la propuesta. Un programa que reafirma La Capella como espacio de apoyo a la creación emergente.

La Fundació Vila Casas por su parte acoge hasta el 12 de julio de 2026 Un mundo en lucha, la primera gran retrospectiva en Cataluña de Esther Boix desde 2007. Comisariada por Bernat Puigdollers, la exposición recorre cronológicamente la trayectoria de una artista marcada por el compromiso político, el feminismo y la pedagogía. Desde sus primeras obras sobre la miseria de la posguerra, pasando por el punto de inflexión del viaje a Milán en 1957, su militancia antifranquista después de la Caputxinada de 1966 y la cofundación de la escuela L'ARC, hasta los paisajes de madurez en la Garrotxa, la muestra retrata una figura que hizo de la pintura un instrumento de denuncia y compromiso político. Ubicada en los Espais VolART, la exposición entrelaza obra pictórica, documentos y piezas pedagógicas para ofrecer una visión completa de una artista que cuestionó los cánones políticos y sociales de su tiempo a través de un lenguaje visual profundamente propio.
Entre las exposiciones que podrán visitarse hasta septiembre, el Centre d'Art Contemporani Fabra i Coats acoge Atentament, la exposición individual de la artista venezolana Patricia Esquivias, comisariada por Caniche Editorial. La muestra invita a observar el entorno cotidiano con una mirada atenta y minuciosa, desvelando la carga histórica y simbólica de elementos aparentemente ordinarios: la fachada de un local de kebab, bolardos de mobiliario urbano o un bordado popular de un pueblo de Toledo son algunos ejemplos. A lo largo de las dos plantas, Esquivias entrelaza investigación, escultura, instalación y correspondencia para construir relatos que conectan lo local con la historia global. Un hilo conductor de la exposición es el diálogo con la obra del escultor Alberto Sánchez, artista de la vanguardia española exiliado en la Unión Soviética, que lleva a la artista hasta Marruecos. La muestra reflexiona sobre la homogeneización de las ciudades, la memoria colectiva y la invisibilización del trabajo rural y artesanal.
El CaixaForum de Barcelona acoge Desenfocat hasta el 27 de septiembre, una exposición temática que traza un relato sobre el desenfoque en el arte desde el siglo XIX hasta la actualidad. Nacida de la colaboración entre la Fundación "La Caixa", el Musée d'Orsay y el Musée de l'Orangerie, la muestra reúne 77 obras de 58 artistas en formatos y técnicas diversas. Comisariada por Emilia Philippot y Claire Bernardi, parte de los Nenúfares de Monet para reconceptualizar el desenfoque como una elección estética intencionada y no como una limitación visual. Estructurada en cinco ámbitos temáticos, la exposición pone en diálogo obras de Turner, Rothko, Hiroshi Sugimoto, Alfredo Jaar o Nan Goldin para explorar cómo la indeterminación y la indefinición sirven para cuestionar las certezas, representar aquello difícil de mostrar y reflexionar sobre la identidad y la incertidumbre de la condición humana. Un recorrido que invita al espectador a abandonar la búsqueda de la nitidez y aceptar la indefinición de la realidad.

Y por último, hasta el 13 de septiembre la Fundació Joan Miró presenta Estados cambiantes, la exposición individual de Kapwani Kiwanga, artista francocanadiense ganadora de la novena edición del Premio Joan Miró. Se trata de una muestra que es el resultado de un año de trabajo con obras de nueva producción. Formada en antropología, Kiwanga investiga las relaciones entre poder, territorio y cuerpo a través de instalaciones y esculturas que transforman procesos históricos complejos en formas abstractas y poéticas. Los materiales con los que trabaja (sisal, barro, tejidos, piedra, vidrio, mallas de sombra) son elegidos por su papel en circuitos coloniales, extractivos o migratorios, convirtiendo las obras en dispositivos de reflexión crítica. El título remite a la convicción de la artista de que incluso los materiales más sólidos se encuentran en constante fluctuación. La muestra establece un diálogo natural con el legado de Miró, evocando su poesía del color y su abstracción arraigada en la realidad, actualizándola desde una mirada contemporánea sobre la violencia y la culpa ecológica.




