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La Llibreria del Palau pide ayuda para continuar existiendo en Ciutat Vella

31 de marzo de 2026 a las 08:00h
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“Estamos resistiendo con penas y trabajos en esta pequeña librería de segunda mano. Si nos podéis ayudar a difundir de vez en cuando…”. Este era el grito de ayuda que publicaba en X (antiguo Twitter) en mayo de 2023 Gessamí Catafau. Ella es la propietaria de la Llibreria del Palau, el histórico comercio que desde hace cuatro décadas vende libros viejos y postales justo delante del Palau de la Música, en el barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera. Casi tres años después del tuit, Catafau asegura que la situación ha empeorado.

“Yo estoy aquí porque tengo una edad en la que ya no puedo hacer ninguna otra cosa”, explica la tendera de 65 años. De momento, no tiene previsto cerrar, a diferencia del resto de comercios que había en esta calle 40 años atrás, cuando ella misma abrió la librería por primera vez. “La abrí yo y parece que también la cerraré”, añade. Catafau explica que ya hace años que está muy desanimada porque las ventas no paran de disminuir.

“Es una finca que no se puede tocar”

Cuando levantó la persiana de la librería por primera vez el año 1986, el Palau de la Música no estaba abierto al público como ahora, solo se organizaban visitas concertadas cuando había suficiente gente interesada en verlo por dentro. Entonces, Catafau tenía 24 años y tomó el relevo de su padre, que unos meses atrás había alquilado los bajos del número 6 de la calle Sant Pere Més Alt. Aunque en sus orígenes en el local vendían utensilios de todo tipo, Catafau apostó por abrir una librería.

El nombre, según explica la librera, no solo responde a su ubicación, también hace referencia a Antoni Palau i Dulcet, el reconocido librero y bibliógrafo catalán que vivió del 1867 al 1954. Igual que Palau i Dulcet, Catafau es una apasionada del libro viejo, las enciclopedias, las bibliografías y las postales, que recoge de archivos y de bibliotecas especializadas y ordena con cuidado en los estantes y cajones de la tienda. “Cuando revuelvo por aquí todavía encuentro cosas de hace 40 años”, comenta riendo.

Aunque ahora las postales son su producto más vendido, antes no se comercializaban como ahora. Antiguamente, según relata la tendera, las postales con fotografías del Palau de la Música solo se podían encontrar expuestas dentro de las vitrinas del museo del Palau. De hecho, ella fue la primera que pudo vender postales de la obra de Lluís Domènech i Montaner fuera del recinto modernista.

Del pasado del local (que durante buena parte del siglo XX había sido una peluquería) solo se conserva la portada de madera, que está protegida patrimonialmente, y un pequeño armario a mano izquierda de la entrada, antiguamente destinado a los utensilios de peluquería y que Catafau restauró para darle un nuevo uso. “Es una finca que no se puede tocar. Aunque la restauré yo, ahora no me puedo llevar nada, porque todo el bloque dispone de protección patrimonial”, recalca Catafau. 

La propietaria explica que muchas personas entran a la librería para hacer fotos y se van sin comprar nada. Foto: Línia Ciutat Vella
La propietaria explica que muchas personas entran a la librería para hacer fotos y se van sin comprar nada. Foto: Línia Ciutat Vella

“Suerte del turista”

La Llibreria del Palau, situada en uno de los epicentros de la gentrificación barcelonesa, se mantiene gracias a los turistas que pasean por las calles de Ciutat Vella. “Suerte del turista, porque ya no se vende el plano, la postal antigua, el vinilo… Solo el guiri lo compra”, reconoce la tendera. En este sentido, Catafau asegura que “se nota la diferencia” entre las postales que se pueden encontrar en las tiendas de souvenirs que abren cada vez con más frecuencia en la ciudad y las postales que vende ella.

A pesar de la voluntad de atraer al público local, la tendera explica que “no quedan vecinos en el barrio”. Asimismo, las personas que se asoman por la tienda muchas veces preguntan por un libro nuevo o, simplemente, se adentran para hacer fotografías del interior y luego salen sin haber comprado nada. Todo ello, ha llevado a la Llibreria del Palau a atravesar problemas económicos. “Solo llego a cubrir gastos, hay días que solo hago 20 euros, pero no puedo cerrar porque si cierro no como”, lamenta.

Por otro lado, la tendera mantiene un contrato de alquiler de renta antigua que le asegura la continuidad del negocio. “Antes mi alquiler no era bajo, pero ahora ya sí comparado con el resto. Hay comercios que pagan 6.000 euros de alquiler”, explica.

Gessamí Catafau colocando las postales en la entrada de su librería. Foto: Línia Ciutat Vella
Gessamí Catafau colocando las postales en la entrada de su librería. Foto: Línia Ciutat Vella

Las ayudas al comercio local

Siempre que Catafau explica su situación económica a amigos y clientes habituales, muchos de ellos le recomiendan que expanda el negocio a través de Internet. Sin embargo, dice que ya probó a modernizarse años atrás, con una página web y un catálogo en línea, pero confiesa que la apuesta por lo digital no le salió bien. “Me dejé mucho dinero con esto de la informática y no funcionó”, recuerda. 

Ahora, en un momento que asegura que no quedan muchas librerías en Barcelona “porque es muy caro mantenerse”, la Llibreria del Palau sale adelante a pesar de la falta de ayudas por parte de las administraciones, según explica. “No tienen ningún tipo de afecto por el comercio local, se pueden llenar la boca, pero nada”, afirma con contundencia. A pesar de todo, la tendera expresa que su fascinación por lo antiguo es lo que le hace mantener la ilusión cuando va a trabajar cada día. “La ventaja es que aquí siempre hay trabajo, porque el libro viejo se tiene que cuidar y yo voy a mi propio ritmo”, concluye.

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