En la Vila de Gràcia, hay un rincón que es todo un espacio cargado de historia. Es la plaza de la Revolución de Septiembre de 1868, conocida popularmente solo como la plaza de la Revolución.
Este lugar graciense ha cambiado de nombre diversas veces a lo largo de su historia, un hecho que refleja los diferentes contextos políticos por los cuales ha pasado la ciudad, desde referencias más monárquicas, hasta otras más republicanas, las relacionadas con el Sexenio Democrático y la Primera República Española.
La plaza de la Revolución: hoy
Actualmente, esta plaza, es todo un punto de encuentro cultural y cotidiano para los vecinos del barrio. Tiene una forma rectangular y está rodeada de edificios de viviendas de planta baja y diversos pisos, que mantienen la escala característica de Gràcia. Uno de los elementos más singulares es la presencia de jacarandás, que en primavera llenan el espacio de tonos lilas y crean una atmósfera especialmente reconocible.
La Fiesta Mayor de Gràcia, en su suelo
Entre sus elementos más destacados, también hay un mosaico situado en el pavimento, instalado durante la Fiesta Mayor de Gràcia de 1997. Esta obra de arte cerámico representa el tradicional juego de la rayuela, pero reinterpretado con escenas festivas del barrio. De hecho, son dos grandes plafones de cerámica esmaltada que muestran la riqueza cultural de la fiesta mayor.
En una de las rayuelas se pueden ver músicos tocando en un escenario delante del campanario de la plaza de la Vila, vecinos bailando, gente adornando calles y cenas populares. La otra rayuela representa elementos más tradicionales del séquito festivo: cabezudos, bastoners, gigantes, el dragón, castellers y el escudo de la Vila de Gràcia. Un elemento que ya se ha convertido en todo un emblema.
Este conjunto cerámico convierte el suelo de esta plaza en una auténtica narración visual de la cultura popular graciense, que los 365 días del año está presente en este rincón. Forma parte del Inventario participativo El mosaic del meu barri, que documenta estas intervenciones artísticas en el espacio público.
La plaza también tiene un pasado más oscuro
Más allá de la luz que provoca ver a los niños jugar a un juego tradicional y cargado de cultura popular, esta plaza, también esconde un pasado subterráneo: bajo el pavimento se conserva un refugio antiaéreo descubierto en 1995. Un elemento que nos recuerda los momentos de conflicto vividos en la ciudad y añade una capa más a su historia compleja.




