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Viral o invisible: entre el arte, la ansiedad y la economía del algoritmo

22 de junio de 2026 a las 08:00h
01.Fonograma Ciutat

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La Casa Montjuïc de Barcelona ha acogido esta semana Fonograma, unas jornadas que desde 2022 buscan poner sobre la mesa la situación actual de la música grabada en Cataluña. Un evento que quiere impulsar la creación y el desarrollo de la industria fonográfica a través de la promoción de la cultura y la tecnología del sector.

Durante varias sesiones, con mesas redondas y presentaciones con artistas, productores y profesionales de la industria, Fonograma ha abierto un año más un espacio de reflexión sobre el presente y el futuro de la música local. Y, sobre todo, sobre cómo se crea, se distribuye y, especialmente, cómo llega al público en un momento en que la visibilidad está cada vez más condicionada por los algoritmos.

Viral o invisible: entre el arte, la ansiedad y la economía del algoritmo

Uno de los actos centrales de las jornadas ha sido la mesa redonda celebrada el 17 de junio bajo el título Viral o invisible: entre l’art, l’ansietat i l’economia de l’algoritme, que contó con la participación de cuatro profesionales con una amplia experiencia en esta batalla.

La conversación, introducida por el filósofo, dramaturgo y comunicador cultural Leo Espluga, comenzó con una pregunta esencial: ¿qué significa escuchar música hoy? Una cuestión complicada de responder, pero que servía para abrir el debate. Parece que la relación tradicional entre artista, obra y público ha cambiado profundamente. El artista crea música, pero el público ya no solo escucha: también recibe contenido, sigue una identidad digital y participa en un ecosistema donde la obra queda a menudo condicionada por su capacidad de circular.

La contradicción de nuestros tiempos

Justo antes de empezar el acto, Cultura B conversaba con Espluga para hablar sobre esta cuestión. El joven filósofo se mostraba taxativo y explicaba que el objetivo es abordar "esta contradicción que tenemos todos hoy en día: hacer llegar nuestra obra sin que pierda calidad por cómo la comunicamos". "En un proceso de tanta aceleración digital, sobre todo en el arte, que siempre necesita contexto, nos encontramos con una fuerza totalmente descontextualizadora y muchas veces, intentando llegar a la gente, acabamos provocando todo lo contrario”, decía. Como filósofo, pide volver a los orígenes y preguntarse por qué hacemos música: definir qué hacemos y qué sentido tiene aquello que creamos.

Espluga reclama a los artistas que tengan un contexto, que depuren qué quiere decir la música, qué quiere decir escuchar y qué quiere decir el público, para evitar confusiones que les puedan perjudicar a largo plazo y para entender las contradicciones del sistema actual. Desde la filosofía defiende que "el conocimiento no tiene que ver con la información, sino con un proceso anímico. El pensamiento, dice, tiene que ver con la mayéutica, no con tener una definición cerrada. Más información no significa necesariamente más conocimiento", dice cuando se le pregunta sobre el impacto de la IA en el mundo creativo.

Artistas y profesionales de la industria musical han debatido en Fonograma sobre el impacto de los algoritmos, la viralidad y la presión de las redes sociales en la creación artística. Foto cedida[/caption]
Artistas y profesionales de la industria musical han debatido en Fonograma sobre el impacto de los algoritmos, la viralidad y la presión de las redes sociales en la creación artística. Foto cedida

Volvemos a la mesa redonda

La mesa, moderada por la periodista cultural y politóloga Clara Narvión, contó con las reflexiones de las artistas Zahara y de la colomense Queralt Lahoz, que compartieron sus experiencias sobre la presión de las redes sociales, la necesidad constante de generar contenido y la dificultad de sostener una carrera artística dentro de este sistema. Lo hicieron en un ambiente distendido, en un sofá, como si fuera una conversación entre amigas, una atmósfera que permitió que las participantes se abrieran y explicaran cómo viven esta realidad, sin la presión que a menudo sienten cuando son entrevistadas en los grandes medios.

"Amor y odio" con las redes sociales

La cantante Queralt Lahoz definía su relación con las redes sociales como una relación de "amor y odio". Por un lado, reconocía que permiten llegar a un público más amplio y construir comunidades; por el otro, considera que obligan a los artistas a estar permanentemente pendientes de un sistema cambiante.

"Cada año cambian las reglas", lamentaba. La existencia del algoritmo implica tener que alimentarlo constantemente: publicar, mantener la presencia, pensar estrategias. Una exigencia que entra en conflicto con la naturaleza del trabajo artístico. La pregunta que sobrevoló la conversación era clara: ¿hasta qué punto un músico puede dedicarse a crear si también tiene que ejercer de creador de contenido, responsable digital y gestor de su propia marca?

De la comunidad de MySpace a las redes actuales

Por su parte, Zahara recordaba sus inicios en MySpace, cuando las redes sociales eran espacios más pequeños y comunitarios. "Era un lugar amable donde se creaba comunidad", dice. La transformación de aquel modelo hasta el actual ecosistema digital le genera una cierta tristeza.

Según la artista, hoy una carrera musical implica inevitablemente una parte importante de marketing y comunicación. Un trabajo intenso que a menudo no resulta gratificante porque, cuando algo funciona, es difícil saber hasta qué punto es fruto del artista o del algoritmo.

Zahara también explicaba cómo esta realidad ha modificado su manera de entender las redes sociales. Antes simplemente explicaba lo que había pasado en el escenario, pero ahora ve que con eso no es suficiente, y en este sentido, reconoce que ha perdido naturalidad en sus redes y ahora tiene un equipo que la asesora.

Cuando el algoritmo decide quién existe

Uno de los grandes debates de la sesión fue la sensación de que la industria musical actual no juega con las mismas reglas para todos. La viralidad, apuntaban los participantes, se ha convertido en una moneda importante. Las campañas de marketing digital y las estrategias de posicionamiento pueden determinar qué artistas llegan al público y cuáles quedan invisibles.

La pregunta no es solo si la música es buena, sino si tiene suficiente capacidad para ser detectada por un sistema que prioriza la rapidez, la repetición y el impacto inmediato. Y esto hace que el mundo de la música esté en una tendencia de ir hacia la homogeneización. En todo este debate, Espluga apuntaba que, en la batalla contra el mainstream, “siempre pierdes, y si ganas es porque ya no eres tú”. Aun así, defendía la necesidad de mantener la confianza en la posibilidad de que una obra encuentre su público, y explorar nuevos espacios, como por ejemplo las tiendas de música, para encontrar alternativas a Internet y escapar de estas dinámicas actuales.

Entre la necessitat de connectar amb el públic i el risc de convertir-se en creadors de contingut, Zahara i Queralt Lahoz han reflexionat sobre els nous reptes de la música en l’era digital. Foto cedida[/caption]
Entre la necesidad de conectar con el público y el riesgo de convertirse en creadores de contenido, Zahara y Queralt Lahoz han reflexionado sobre los nuevos retos de la música en la era digital. Foto cedida

El problema de confundir al artista con el personaje

Uno de los puntos más interesantes de la conversación fue la reflexión alrededor de qué tipo de público está generando el actual ecosistema musical. Según Espluga, cada vez hay más riesgo de crear una identificación con el artista más que con su obra: "El público sigue una personalidad, una narrativa o una presencia digital, pero no necesariamente escucha la música". Esto implica, según el filósofo, una pérdida de la esfera cultural: la desaparición de espacios de mediación, crítica e interpretación que ayudaban a dar sentido a las obras.

La moderadora también apuntaba que la crítica negativa hoy a menudo es sustituida por el silencio. No hablar de un artista puede acabar siendo percibido como una respuesta peor que una mala crítica. En este sentido, existe el miedo. Un miedo que sobrevolaba toda la sala: la dictadura de los reels, y de cómo algunos medios de comunicación han sido secuestrados por estas dinámicas, también para existir, para posicionarse en este entorno viral.

El miedo a opinar y la desaparición de la crítica musical

La proliferación de contenidos cortos y formatos pensados para las redes ha hecho que cada vez menos artistas quieran participar en entrevistas largas o espacios de reflexión. Por diversas razones. La primera es el miedo a que de estas entrevistas solo circulen fragmentos fuera de contexto, que se viralicen y acaben generando odio o interpretaciones sesgadas de lo que realmente querían expresar.

Otra razón es que hoy los artistas pueden llegar directamente al público a través de sus propias plataformas. Pero esto también plantea una pregunta: ¿qué se pierde cuando desaparecen los espacios independientes de análisis y crítica? ¿Cómo podremos los medios afrontar esta situación si cada vez hay menos artistas dispuestos a conceder entrevistas por miedo a las consecuencias que pueden tener sus palabras?

De momento, no hay una respuesta clara. Sí que las dos cantantes reconocían que, aunque existe un periodismo que no siempre hace buen trabajo, también hay medios que continúan apostando por el rigor y el contexto. Quizás aquí reside una de las claves de la cuestión.

Una nueva desigualdad basada en la visibilidad

Al final de la charla se habló sobre por qué razón el arte está actualmente atendiendo a los algoritmos. La respuesta es muy sencilla, por una cuestión económica. Lo que no vemos en Internet, cuesta mucho que exista, que pueda tener un modelo de negocio.

La programación de festivales basada en el número de seguidores o el impacto digital genera, según decían los participantes, una nueva diferencia de clase dentro de la música: artistas con más recursos pueden invertir en campañas de viralización y posicionamiento, mientras que otros dependen casi exclusivamente del valor de su obra.

Ante este panorama, los participantes reivindicaban la necesidad de recuperar espacios alternativos: tiendas de discos, comunidades locales y circuitos fuera de la lógica puramente digital. En este sentido, la colomense Lahoz apuntaba que se siente muy orgullosa de ser de origen humilde y, según ella dice, de una de las mejores ciudades del mundo, Santa Coloma de Gramenet. La artista recordaba cómo empezó tocando en espacios pequeños de la ciudad, donde ella misma colgaba sus carteles, y donde se hacía comunidad alrededor de la música, algo que ahora es complicado de encontrar. “Antes teníamos una comunidad muy de calle, pero la tecnología nos ha vencido”, apuntaba.

Volver a poner la música en el centro

Después de un buen rato de charla, la última pregunta: ¿qué puede hacer un artista que empieza hoy? Y aquí la respuesta no es fácil, ya que ambas artistas reconocieron que sus inicios fueron muy diferentes de la realidad que viven ahora los artistas emergentes. Lahoz defendía que las redes son una herramienta útil para dar a conocer su trabajo, si saben dónde quieren ir y cuál es su propuesta.

Por su parte, Zahara reivindicaba que la parte más esencial de todo es hacer música. Y aquí añadió un apunte muy interesante, que todo el mundo ve la parte de su profesión que brilla, pero que a menudo no siempre se valora desde el público el trabajo que hay detrás de todo.

Las dos artistas reconocían que hoy las reglas han cambiado, y que se han adaptado, pero que hay que preguntarse cómo podemos volver a poner la música en el centro. De momento, no hay una única respuesta.

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