Bajo la bandera de la belleza hay mucha fealdad

El CCCB ha inaugurado El Culto a la Belleza, una exposición coproducida con la Wellcome Collection de Londres que llega a Barcelona como una segunda versión ampliada de la primera muestra presentada en 2023.

28 de mayo de 2026 a las 08:00h
Escultura Sleeping Hermaphrodite cedidespelCCCB

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Comisariada originalmente por Janice Li, la exposición ha contado con el comisariado local de Blanca Arias y Júlia Llull. Una muestra que se podrá ver hasta el 8 de noviembre de 2026, y reúne obras, documentos, objetos históricos e instalaciones contemporáneas para pensar la belleza como una construcción cambiante, atravesada por la política, la religión, la medicina, el mercado, el género, la raza y la clase, analizando críticamente cómo nos construyen los cánones de belleza, cuáles quedan al margen y cuál es el espacio de libertad que nos queda para subvertirlos. La exposición irá acompañada por un amplio programa público, con conferencias, visitas guiadas, un intenso y extenso programa de cine, un programa educativo y actividades de creación, en colaboración con instituciones como el espacio creativo Còrdova. 

El espacio que habitamos es cambiante, plural, artificial y utópico, marcado cada vez más por el poder de la industria estética y por el imperio del selfie y las redes sociales. La irrupción de la inteligencia artificial ha multiplicado la copia y la artificialidad del canon de belleza, convirtiendo los cuerpos en objeto de culto, en clave económica y social. Al mismo tiempo, ha ampliado y diversificado las posibles representaciones y formas de definir la belleza, en medio de un debate incierto condicionado por rémoras políticas, económicas, morales y culturales. La belleza, una cualidad que nos ha deleitado y satisfecho históricamente los sentidos y el intelecto, está en tensión, más que nunca, en una sociedad de la transparencia, como sostiene el filósofo Byung-Chul Han, que nos ha convertido en individuos homogéneos atrapados en un vaivén constante entre ser iguales o dispares, compartir gustos e ideales o rechazarse mutuamente. La exposición, comentaba Judit Carrera, directora del CCCB, no solo “recorre una categoría estética fundamental que atraviesa el arte de todos los tiempos, sino que ofrece una lente desde donde promover la mirada crítica sobre el mundo contemporáneo”.

Janice Li dejó claro que no hay una respuesta definitiva a la pregunta qué es la belleza. La exposición explora por qué, desde el inicio de la historia humana, ha habido esta búsqueda incesante de la belleza, explorada como un sistema de creencias complejo, que está modelado por todo lo que nos rodea, pero que continúa siendo personal. Por eso mismo, El Culto a la Belleza invita al visitante a un proceso para encontrarse a sí mismo, proporcionando un espacio donde cada uno pueda explorarse, sin juicios, para descubrir cómo armarse y recuperarse en medio de esta industrialización estética y moral. Júlia Llull sostiene que esta segunda versión nace de la intención de explorar la potencia de las disidencias a la hora de hacer frente al canon estético, que ha sido una excusa para someter cuerpos y territorios. “Bajo la bandera de la belleza se ha producido mucha fealdad en el mundo”, afirma Llull. 

“No soy moderna, soy mucho más antigua” Norma Pérez cedidasporelCCCB
“No soy moderna, soy mucho más antigua” Norma Pérez cedidasporelCCCB

La exposición toma como punto de partida el canon establecido por el clasicismo, que equiparaba la belleza a proporción, virtud y orden. El visitante dialoga de entrada con una venus, el Idolino de Pesaro y el Hermafrodita durmiendo de Bernini. Las dos primeras nos trasladan a la serenidad del Renacimiento, casi nos hacen sentir dentro del “Nacimiento de Venus” de Sandro Botticelli, o dando vida a las “Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas” de Johann Joachim Winckelmann. El Hermafrodita, sin embargo, es un grito a la sospecha, nos alerta que quizás hay que descolocar el canon y lo normativo, para cuestionarnos si la belleza va más allá. Ayudándose de la voz artificial de Aitana López, la primera influencer no humana creada en España, quien repite “el packaging cambia, pero la presión es la misma”, estas primeras obras dejan entrever que quizás hay que sobrepasar la frialdad modelada por imágenes estáticas, inducidas en las lógicas de mercado y profundamente homogeneizadas. A partir de aquí, la exposición navega alrededor de tres grandes ámbitos: los ideales de belleza, la industria de la autoimagen, y la belleza de la carne, para cuestionarnos qué ha sido la belleza en el arte y la historia, lo que esta nos exige en nuestro propio presente, y lo que podría llegar a ser si desobedeciera los cánones tradicionales.

“Los ideales de belleza” no se sostienen únicamente en lo estético, sino que se construyen desde un contexto social, político y religioso profundamente diverso que ejerce un papel fundamental, y que han hecho del cuerpo y de la imagen un elemento más, abierto a la valoración y el juicio. La primera sala acoge obras de artistas locales como Sandra Gamarra, Lorenza Böttner, Carlos Motta o Colita. La fotografía “No soy moderna, soy mucho más antigua” de la artista Norma Pérez dialoga con las obras iniciales, reclamando cómo las bellezas inconformes existen desde antes de que la colonialidad las anunciara, para reclamar que no solo el ideal es antiguo, sino que también lo es la resistencia, recordándonos la fluidez y la arbitrariedad de estas categorías estéticas. Nuestra historia sobre el mundo comienza mucho antes, en lo prematuro del paleolítico, y la exposición nos lo recuerda. La sala coloca en medio una vitrina con diversas figuras de venus, que desbordan los cánones armónicos y estándares que hemos heredado desde el mundo clásico, para dejar en claro cómo la historia es un límite a la propia reflexión de la belleza.  

Serie fotográfica sobre la comunidad gitana Colita | Foto cedida por el CCCB
Serie fotográfica sobre la comunidad gitana Colita | Foto cedida por el CCCB

La “Virgen de Guadalupe” (1745), que representa una Madonna negra, o “Krishna con Radha y tres Gopis”, de Calacutta Art Studio, que representa esta deidad hindú, también negra, en medio de la danza divina de Rasa Lila, subvierten la voluntad de muchas de las obras, condicionada por una estética impuesta en ideales y comunidades, como una vía estrecha para definir la belleza. 

La representación históricamente estática de la mujer, enmarcada en la moralidad y la moderación, se va poniendo en contraste con deformaciones del canon, que quieren ser una manera de subvertir las imposiciones estéticas, demonizándolas, o bien contraponiéndolas. Juno Calypso nos propone obras como “Slendertone I” o “A Girl's Guide to Egg Freezing - Step 3 The Harvest”, imágenes de mujeres que exageran a la manera pop las modificaciones estéticas, como un guiño al prisma original, a la construcción de una imagen social, pero que esconde fealdad. Porque la belleza no ha sido nunca un hecho inocente, sino que ha jerarquizado y ordenado la sociedad constantemente alrededor de representaciones de la feminidad que respondían a la pureza, la juventud y la virtud. 

La disidencia estética es el contrapunto de esta exposición, que con artistas como Isidre Nonell, Ismael Smith, Josep Masana o Marià Fortuny, nos enseñan que cuando relacionas el canon con otras formas y contextos, este se vuelve diferente y, sobre todo, hiriente. Deja de ser un objeto placentero, como ocurre con el orientalismo, que delimita y clasifica una belleza, tipificando y definiendo dónde acaba la belleza que podemos sostener. O como materializa el colectivo gitano, representado en obras como “Retrato de gitana joven” de Julio Moisés, o la serie fotográfica de la artista Colita, donde la comunidad gitana toma agencia, dentro de sus tópicos, pero desde el dinamismo y la genuinidad propia. Obras que nos retratan cómo nos hemos beneficiado de la blanquitud, para excluir aquellos cuerpos afectados por el canon. 

La belleza también sobrepasa la corporeidad para encaminarnos en la experiencia estética a través del olfato, el tacto y el oído. “Beauty Sensorium”, de Baum & Leahy, recupera recetas cosméticas del Renacimiento y reivindica saberes femeninos vinculados a la química, la botánica y el cuidado, a menudo expulsados de los relatos científicos oficiales. 

El segundo ámbito nos arrastra hacia la industria de la autoimagen, a aquella comercialización masiva de productos de belleza que marcó el siglo XX, pero recordándonos sus orígenes más antiguos. Desde polveras del antiguo Egipto hasta los productos cosméticos del Renacimiento, pasando por nuevas formas de marketing estético, la belleza ha crecido en diálogo con la obsesión de la humanidad por la propia imagen, siempre perfecta, reafirmando la belleza como capital cultural y como fuente de beneficio económico. Nos sumergimos en una reflexión sobre el juego y la disciplinarización del cuerpo, que empieza tan temprano como la infancia, para entender el papel de la moda, la estética y la publicidad en la inclusión y la exclusión de las corporalidades. 

La práctica artística parece que podría ser un dispositivo del poder para reproducir los cánones, pero justamente esta exposición nos muestra lo contrario, enseñándonos cómo el arte nunca obedece del todo a los sistemas de poder, y siempre deja un margen de análisis. Las obras de Eulàlia Grau o Roberto Marrero, como “San Jorge” o “San Sebastián (Bob Mizer)”, exploran la cultura pop, pero sumando elementos que tensionan la masculinidad a través del collage, el humor, el deseo y la ironía, reivindicando el derecho a modelar nuestro propio deseo desde imaginarios que, precisamente, se ocupan de gestionarlo. Y el mito de Narciso reinterpretado desde la contemporaneidad, ilustra cómo el avance tecnológico nos ha permitido modular nuestra imagen para convertirnos en aquello que deseamos. La realidad virtual permite y limita, simultáneamente, la construcción de ideales estéticos, y es por eso que se concibe, en esta exposición, como un espacio revolucionario, pero que puede convertirse en lo que más consolida el régimen de poder. La instalación “Mirror, Mirror on the Wall”, de Xcessive Aesthetics, recoloca esta tensión en un espacio semipúblico e íntimo a la vez: el lavabo de una discoteca; lugar de confidencias, retoques de maquillaje, selfies y complicidades. 

Humanae Angélica Dass fotografiacedidapelCCCB
Humanae Angélica Dass fotografiacedidapelCCCB

“La belleza de la carne: desbordando el canon” es el tercer ámbito, que cierra esta exposición con obras de nueva creación como “The Disobedient Nose” de la artista Shirin Fathi, donde se convierte la nariz en un órgano insumiso, como una parte del rostro que se niega a ser domesticada por la cirugía, la mirada social o el ideal normativo o “Humanae” de Angélica Dass que demuestra que raza e identidad no se pueden reducir al color de la piel. Vemos vídeo creaciones como “Carry That Weight” de Ren Buchness, un artista que trabaja con la plasticidad y transversalidad del cuerpo para reclamar una belleza propia y romper con las formas impuestas, o “Natural Self-Portrait #8” y “Stillness #27” de Laura Aguilar, fotografías que muestran una simbiosis entre el cuerpo humano y aquellas formas no tan humanas. Obras que quieren reclamar cómo el cuerpo es materia vibrante y siempre viva, a disposición de articular experiencias. Reclamando la carne, pero también el cabello, como un ejercicio de opresión, o como una manera de modularse y crear un alter ego. “Narcissister” es la instalación que cierra la exposición, y que se centra en el peso abrumador de los ideales de belleza que se han transmitido de generación en generación. Una escultura antropomórfica de tres metros, cargada de objetos de la madre de la artista, cristalizando la tensión entre aceptar la belleza heredada y redefinirla. 

Así, El Culto a la Belleza demuestra que la belleza hiere, excluye y disciplina, pero que puede ser también un espacio de placer, comunidad, juego y emancipación, un espacio propio. Como en aquella belleza convulsa de los surrealistas y vibrante de los impresionistas, la exposición reclama disputar la belleza, arrancarla del canon y devolverla al cuerpo, a la materia y a las formas de vida que aún se resisten a ser reducidas a la imagen perfecta.

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