Una fábula política en clave catalana

Albert Sánchez Piñol publica ‘Després del naufragi’ (Univers), una secuela de Moby Dick, de Herman Melville

Ramon Ferrer
27 de febrero de 2026 a las 10:23h
El escritor Albert Sánchez Piñol, este martes en el Museu Marítim de Barcelona Foto de Nico Tomás / ACN

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El autor de Victus (La Campana, 2012) vuelve con una novela de aventuras que retoma el clásico de Melville allí donde el autor norteamericano puso el punto final. Después de la embestida de la ballena blanca, Ismael, el protagonista de la obra, es rescatado por una nave condenada al desastre. Después del naufragio (Univers, 2026) es un relato de aventuras, que también se puede leer como una fábula política. “Es una novela del siglo XXI, que aguanta las reminiscencias del XIX”, dice Albert Sánchez Piñol.

El escritor Albert Sánchez Piñol, este martes en el Museo Marítimo de Barcelona Foto de Nico Tomás / ACN
El escritor Albert Sánchez Piñol, este martes en el Museu Marítim de Barcelona. Foto de Nico Tomás / ACN

“Me llamo Ismael, y creo que solo sobreviví porque alguien tenía que contar esta historia”, así comienza la nueva obra de Sánchez Piñol. Ismael Coficofin sobrevive al hundimiento del barco Pequod y es rescatado por el Lònia, una nave liderada por un capitán temerario. En el nuevo barco, la tripulación es poseída por una idea que desborda los límites de la autoridad y lleva la nave a un destino trágico. Lo que no habían calculado era la naturaleza desenfrenada y la fuerza del monstruo blanco.

Según el escritor y antropólogo, el libro nos habla de las relaciones de los personajes con la naturaleza y “cómo se enfrentan a un obstáculo imposible de superar”. El autor defiende que el libro ofrece diversas interpretaciones. Por un lado, es una novela de aventuras clásica, pero también tiene una lectura política. Sánchez Piñol cita como referente un clásico como Los viajes de Gulliver, que es tanto un libro de aventuras como una sátira política. Por otro lado, admite una lectura más relajada para jóvenes de catorce años.

Esta novela aborda en forma de parábola las pugnas de poder que llevaron el proceso independentista a la derrota. Los editores del libro observan que si Victus, publicado el año 2012, abría literariamente el Procés, Después del naufragio narra el desenlace. Sánchez Piñol considera que a menudo “la ficción es la mejor manera de explicar la verdad”. El autor es consciente de que el libro quizás molestará a mucha gente, pero no ha podido evitar ser crítico con la situación política actual. “La literatura no es para cobardes”, afirma con contundencia Sánchez Piñol. 

La novela comienza in medias res pero mantiene la estructura narrativa clásica de los tres actos.  Sánchez Piñol recupera a los tres protagonistas de Moby Dick. La relación entre Ismael y el capitán Ahab se fortalece, también con el monstruo, más que en el clásico original. Sànchez Piñol construye un relato oral en el que incorpora nuevos personajes fantásticos, pero que “tiene más elementos humanos”. El escritor configura un mal político situado en los márgenes. “El mal existe en algún lugar y nos ataca”, confiesa.

“Cuando me dicen que escribo libros como los de antes, yo les respondo que escribo libros como los de siempre”, declara el autor, que lamenta que los personajes de la obra original no mataran al monstruo. A diferencia de Moby Dick, en Després del naufragi se incorporan un personaje femenino y el autor se entretiene con unas descripciones del monstruo más cuidadas. También se recuperan personajes secundarios del clásico, como el cocinero. 

Ante los retos de la IA

Sánchez Piñol reflexiona sobre el avance de la inteligencia artificial y cómo esta puede afectar a los escritores. El autor cree que “la literatura de masas la acabarán haciendo las máquinas”. Su capacidad de aprendizaje es aceleradísima. "Ahora mismo, la diferencia entre un autor y un lector que escribe es que los personajes del segundo se detienen en el semáforo en rojo. Esto es lo que hace la IA. Pero algún día vendrá alguien, le quitará la censura de la corrección política, y nos quedarán cuatro días. Es así de triste", declara.

Después del naufragio se ilustra con obras del artista audiovisual Franc Aleu, que se ha servido de herramientas de inteligencia artificial. El antropólogo defiende que la IA es un instrumento como cualquier otro, pero también alerta de la probabilidad de que los robots acaben con la humanidad. “Si con la IA hay un 1% de posibilidades de que se destruya la humanidad, detenedlo. Un 1% es mucho. Pero no se detendrá, preferimos hacer beneficio”, sentencia.

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