Una familia acordeónica

Julio Manrique vuelve a Jez Butterworth con 'El barquer', una pieza multipremiada que nos sitúa en la Irlanda del Norte de 1981 y explica la historia de una familia intervenida por un duelo diferido durante toda una década

4 de febrero de 2026 a las 09:25h
Actualización: 10:02h
Mima Riera i Roger Casamajor són Caitlin i Quin Carney a 'El barquer' Foto de Marta Mas Girones Teatre Lliure

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Julio Manrique no se conforma con poco. El barquer, que se estrena ahora en la Sala Fabià Puigserver del Teatre Lliure de Montjuïc, es un montaje complejo, con diecinueve personajes en escena, que pide una compañía de 21 actores porque hay cuatro actrices menores de edad que tienen que hacer funciones alternas. Es, además, una obra intergeneracional, que pide actores de edades comprendidas entre los ochenta y los siete años. Estamos ante una obra coral, como aquellas que en este país solo se suelen hacer desde el teatro amateur y que piden la implicación de todo un pueblo, sean los Pastorets o la Passió.

https://www.youtube.com/watch?v=qkHPAZ6cwpM

Salvando las distancias, El barquer es la historia de una pasión. La familia Carney ha vivido durante diez años con incertidumbre la desaparición de Seamus Carney, miembro del Ejército Republicano irlandés, el IRA. Todo hace pensar que Seamus ha sido ‘sacrificado’ por sus mismos compañeros de filas por haber informado a los ingleses.

El barquer es una obra sobre un duelo familiar intervenido por la rabia política. Desde la primera escena ya sabemos que el cuerpo de Seamus Carney ha sido localizado al fondo de un pantano con un tiro en la cabeza, pero su fantasma lleva diez años arrastrándose y ha modelado la vida de los Carney durante todo este tiempo

En el centro de esta familia campesina está Quinn Carney (Roger Casamajor), un hombre de cuarenta años que ha decidido construir una familia en un entorno protegido, una casa rural en el condado de Armagh, al margen del conflicto político. Su mujer, Mary (Marta Marco), le ha dado siete hijos y el más pequeño tiene nueve meses en el verano de 1981. Se llama Bobby, como Bobby Sands, el primer preso político del IRA que murió a resultas de una huelga de hambre en la cárcel en mayo de 1981. Quinn y Mary han acogido en casa a Caitlin (Mima Riera), la mujer de Seamus, y a su hijo, Oisin Carney, un adolescente introvertido y atormentado por la desaparición del padre

El barquer transcurre a lo largo de un solo día de agosto de 1981 y nos sitúa en un contexto histórico y político crucial para Irlanda del Norte, en un momento importante dentro del período conocido como los Troubles, un conflicto que enfrentó a católicos republicanos irlandeses y protestantes unionistas y se extendió a lo largo de treinta años. El conflicto del Úlster dejó miles de muertos y, también, muchas heridas abiertas, como ha explicado muy bien el periodista Patrick Radden Keefe en No diguis res (Periscopi), un libro que ha sido lectura obligada para los actores de El barquer.

“El Quinn Carney había formado parte del IRA, pero en un momento dado decide cambiar la lucha armada por la patria irlandesa, todo por la preservación de la paz de otra patria: su familia. Intenta mantener a su tribu lejos de la violencia pero, inevitablemente, la violencia acabará llamando a la puerta de los Carney”, dice Manrique.

Sobre la desaparición de Seamus planea la sospecha de que fue un traidor. Quinn, sin ser un desertor, es alguien que también ha abandonado la causa y tarde o temprano tiene que pagar un precio por su repliegue en un país donde no se admiten medias tintas

“Jez Butterworth es un autor capaz de escribir hasta 19 personajes y conseguir que todos tengan alma, una voz propia y que todos sean relevantes”, dice Julio Manrique. “No hay figurantes, todas son piezas imprescindibles dentro del relato”.

Esteve Gorina, ayudante de dirección, apunta que El barquer es una obra en la que cada actor, diga lo que diga, tiene alguien a quien mirar o replicar, gente haciendo vida en el escenario”.

Manrique también valora que “Butterworth explique la historia a través de los personajes. No parece interesado en alzar su voz por encima de las de los personajes para moralizar, para llegar a ninguna conclusión cerrada ni para darnos ningún tipo de lección”, afirma el director.

Foto de familia de la obra 'El barquer' en el Teatre Lliure de Montjuïc | Foto de Pere Francesch (1)
Foto de familia de la obra 'El barquer' en el Teatre Lliure de Montjuïc | Foto de Pere Francesch (1)

El barquer nos explica la historia de una familia acordeónica, que tiene un aire chejoviano, porque agrupa en una sola casa miembros de diferentes generaciones de los Carney y otras personas sobrevenidas que se quedan, de manera permanente o de visita. Los Carney son como el acordeón, un instrumento que se ensancha y se contrae con un gemido que tanto puede ser festivo como doloroso.

Quinn y Mary viven en una masía de Ormagh con sus siete hijos (interpretados por Oriol Cervera, Martí Gordero, Lua Amat, Sara Roch, y los duetos formados por Nora Pàmies/Elena Salvat y Bruna Luz y Bruna Armengol. También conviven en la misma casa con tres personas mayores muy idiosincrásicas: la tía Maggie (Anna Güell), la tía Pat (Imma Colomer) y el tío Pat (Carles Martínez), los tres solteros, que representan cada uno una manera diferente de enfrentarse a la anormalidad de un país políticamente descuartizado. Maggie, a sus ochenta años, es una mujer visionaria, capaz de percibir cosas invisibles y las conversaciones de los siete hijos de los Carney con ella son divertidas y delirantes, porque en el fondo Maggie se ha refugiado en un mundo de fantasía. El tío Pat, de setenta años, es un gato viejo observador, que conecta a la familia con una tradición atávica que se remonta a tiempos inmemoriales. Y finalmente la tía Pat es una mujer que vivió en primera persona la independencia de Irlanda y que arrastra una herida emocional desde hace décadas. Ella encarna como nadie la rabia política que estallará más tarde

Por si fueran pocos, la familia Carney también tiene en su casa a un inglés, Tom Kettle (Norbert Martínez), que vive desde hace años tolerado por la familia dentro de esta amalgama chejoviana.

El británico Jez Butterworth escribió esta historia con información de primera mano, ya que su pareja, la actriz irlandesa Laura Donnelly, vivió un caso similar dentro de su familia. Su propio tío era un miembro del Ejército Republicano irlandés y fue uno de los 17 combatientes del IRA depurados desde las propias filas.

Butterworth sitúa el hallazgo del cadáver justo el día antes del día de la cosecha, una celebración anual en la que los Carney reciben siempre la visita y la ayuda de los Corcoran, tres jóvenes adolescentes desbocados que traen aires peligrosos de la ciudad. Son Diarmaid (Jan Serra), Declan (Max Vilarassa) y el fanfarrón Shane (Marc Soler), que también está implicado en la lucha armada y abrirá los ojos a los hijos mayores de los Carney. Los Corcoran vendrían a ser esa clase de primos que solo ves una vez al año pero que saben tu secreto más pútrido y te restriegan la herida.

Los Carney recibirán otras visitas incómodas. La del padre Horrigan (Santi Ricart), el capellán de la familia, que hace un papel turbio haciendo de mediador con el IRA, y la visita ominosa de un emisario del IRA, Muldoon (Ernest Villegas), que se presenta con una propuesta inadmisible para la familia Carney. Todos saben qué pasó con Seamus, pero ha llegado la hora de decidir cómo se debe explicar su muerte al mundo. La pugna de Quinn por controlar el relato de su hermano comportará un sacrificio para toda la familia

Foto de familia de la obra 'El barquer' en el Teatre Lliure de MontjuïcFecha de publicaciónjueves 29 de enero del 2026, 13 10LocalizaciónBarcelonaAutorPere Francesch v (1)
Foto de familia de la obra 'El barquer' en el Teatre Lliure de Montjuïc Fecha de publicación jueves 29 de enero del 2026, 13 10 Localización Barcelona Autor Pere Francesch v (1)

Una gran familia teatral

Manrique está muy satisfecho del proceso de ensayo de la obra. “Se ha generado una familia extraordinaria de manera natural, desde la generosidad. No hemos querido, desde el principio, caer en el costumbrismo”, añade Manrique. “Y, al mismo tiempo, tampoco queríamos traicionar una pieza que nos conmovía profundamente con una propuesta conceptual que le pasara por encima”, dice Manrique. 

Roger Casamajor ha destacado que Manrique les ha dado libertad pero a la vez es muy exigente. “Hace semanas que estamos concentrados en esto y tenemos ganas de mostrar al público todo este trabajo”.

A sus ochenta años, Imma Colomer es la actriz de mayor edad del reparto y está contenta de participar en esta obra tan intergeneracional. Colomer encuentra muchas resonancias entre la acción de El barquer y cosas que han pasado en Cataluña durante los últimos años. “Cosas que nos ha costado dejar ir. El odio existe, y cuesta quitarte lo de encima cuando has sufrido tanto.”

Carles Martínez dice que el odio es una pasión que si uno no para, no se acaba nunca. Y si alguien cede, recibe un castigo grande de los suyos. El perdedor vive con un odio latente muy grande”.

Norbert Martínez defiende que se hagan obras complejas e intergeneracionales como esta y el valor que aporta a la profesión, porque facilita la transmisión patrimonial de una tradición y de un oficio de generación en generación”.

Carles Pedragosa se ha hecho cargo de la dirección musical y el espacio sonoro. La obra arranca con una canción sublime interpretada por Sara Roch. Todas las canciones de la obra se cantan en gaélico y pertenecen a una serie de piezas llamadas Lamentos, que como el fado portugués tienen la fuerza para depurar el dolor con unas melodías simples pero llenas de emoción.

 

 

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