Fuego en el cuerpo

Proa publica una antología de poesía erótica femenina que configura una genealogía del deseo y el placer como forma de liberación

17 de junio de 2026 a las 13:20h
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Ante un canon literario históricamente dominado por la mirada masculina heterosexual en el cual la mujer ha quedado relegada al papel de musa y se ha convertido en un objeto de consumo, Edicions Proa presenta Foc al cos, una antología de poesía erótica femenina catalana a cargo de Raquel Casas y Lidia Gàzquez. Este volumen pone en el centro el deseo, el placer y el cuerpo femenino, realzando cómo las mujeres generan grietas en el patriarcado desde hace siglos, lo cual sigue siendo un acto revolucionario hoy en día.

Lidia Gazquez. Foto cedides per AdiA edicions
Lidia Gazquez. Foto cedidas por AdiA edicions

La recopilación nos embarca en un viaje que inicia con las trobairitz atravesadas por el teocentrismo de la edad media, da un salto hasta el siglo XIX y desemboca en la irrupción sin complejos de las poetas de finales del siglo XX y del siglo XXI. A pesar de esta estructura cronológica, en ningún caso, se mitifica el pasado ni se presenta la relación de la mujer con el placer de forma lineal. De hecho, la antología no está dividida por períodos históricos ni hace una clasificación concreta de las autoras, solo se nos indica su fecha de nacimiento y la de la muerte (si procede). De esta forma, la recopilación queda desligada de concepciones rígidas y artificiales. Además, las editoras han decidido no incluir notas a pie de página, lo cual considero un acierto porque evita la intelectualización de los versos. Los poemas no deben ser considerados grandes enigmas a descifrar, sino que, antes de nada, deben ser experimentados y nos debemos poder aproximar a ellos de forma directa. Por otro lado, la mirada femenina no puede convertirse en una cuestión de nicho; crear espacios por y para nosotras ya es sumamente transgresor, pero todo este proceso de deconstrucción de lo establecido debe ser compartido con nuestros compañeros de lucha. Casas y Gàzquez señalan que «la literatura erótica escrita por mujeres no solo recupera un espacio usurpado, sino que restituye el deseo como fuerza de conocimiento» y esto no solo nos debería apelar a nosotras.

Otra cosa que Foc al cos hace de forma excelente es devolvernos la complejidad de la cual nos hemos visto vaciadas históricamente. Es decir, tan solo se nos concebía desde una dualidad prefabricada: la de ser la Virgen María o Lilith, ser la santa o la puta. Este mito reduccionista divide a las mujeres en dos categorías irreconciliables: la pura, sumisa y altruista que se niega el deseo, y la viciosa, peligrosa e hipersexualizada que utiliza su seducción como amenaza. Se trata de una polarización que aniquila cualquier tipo de matiz y de la cual la obra se desmarca totalmente. Además, la antología nos recuerda que la pulsión erótica no es patrimonio de la adolescencia y la juventud, sino que es una fuerza viva que evoluciona, madura y persiste a lo largo de los años.

Raquel Casas |Foto cedida per Òmnium Cultural
Raquel Casas | Foto cedida por Òmnium Cultural

Este hilo conductor toma un vuelo especialmente punzante en las voces contemporáneas. Las poetas más recientes ya no se limitan a enunciar el deseo o a describir el placer desde una pulsión puramente íntima; lo hacen desde una profunda autoconciencia de cómo las dinámicas patriarcales las atraviesan de arriba abajo. En sus versos, hay una mirada explícitamente crítica y social. El erotismo también es política y, por lo tanto, hay que seguir denunciando los corsés normativos que todavía hoy intentan tutelar la sexualidad de las mujeres. Así pues, la importancia de la noción de colectividad es capital para hacer frente a un individualismo cada vez más latente que nos aísla y atomiza. Reconocernos y acompañarnos en nuestras vivencias es la verdadera subversión.

Foc al cos no obvia todas las construcciones sociales que cargamos a la espalda, pero, en definitiva, nos invita a relacionarnos con el deseo y el placer de forma más libre, conectando con nuestros cuerpos, dejándonos llevar por el disfrute sin culpas ni justificaciones.

 

 

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