La fotografía se puede entender como una manifestación artística, pero también documental. Pocas veces, sin embargo, se contempla su vocación de servicio hacia la ciudadanía. Pues bien, el fotógrafo barcelonés nacido en Madrid Manolo Laguillo engloba las tres, y así lo demuestra en su último trabajo Campo/contracampo, una intervención artística realizada en uno de los grandes edificios patrimoniales más importantes y desconocidos de Barcelona del siglo XX: la Casa Bloc.
Situada en el barrio de Sant Andreu, la Casa Bloc es un bloque de edificios de vivienda social promovido en 1931 por la Generalitat de Catalunya de la Segunda República, y fue ideada por Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana del Grup d'Arquitectes i Tècnics Catalans per al Progrés de l’Arquitectura Contemporània (GATPAC). Es un conjunto de cinco bloques entrelazados en forma de S con 207 viviendas de entre 55 y 77 metros cuadrados destinadas a la población obrera, y se impulsó en medio de una gran ola migratoria donde la falta de recursos residenciales hacía crecer a un ritmo descontrolado el chabolismo en la ciudad condal.
La Casa Bloc es también una de las primeras y únicas muestras de racionalismo en Cataluña cuando este comenzó a proliferar por toda Europa en el período de entreguerras. Originalmente se proyectó una planta baja para servicios comunitarios como guarderías, bibliotecas, clubes sociales y espacios libres para hacer deporte y, aunque en su momento fue uno de los proyectos más innovadores a escala arquitectónica y social, la Guerra Civil detuvo su construcción y, más tarde, la dictadura franquista hizo desaparecer la esencia progresista y comunitaria del edificio. De hecho, a partir de ese momento la Casa Bloc comenzó a degradarse, y se acabaron instalando militares, viudas, huérfanos de guerra y profesores. Además, la idea original del proyecto se desconfiguró en 1948, cuando se construyó un sexto espacio conocido como "bloque fantasma", destinado a los policías y sus familias. Cuando en el 2000 el edificio volvió a manos de la Generalitat, este bloque se derribó, se restauró todo el conjunto y se musealizó uno de los módulos.
Ahora Manolo Laguillo vuelve a poner en el mapa el edificio a través de sus fotografías. Lo ha hecho en el marco de la segunda edición del proyecto Passat/Present de la Generalitat de Catalunya, una iniciativa que invita al público a leer e interpretar el patrimonio catalán desde la perspectiva de los artistas contemporáneos. Así, ahora que ya estamos en las postrimerías del proyecto, sus protagonistas hacen un balance de la propuesta.

La fotografía al servicio de la ciudadanía
“Lo que he intentado hacer, y creo que lo he conseguido, es que con la fotografía se entienda mejor la Casa Bloc y su historia, lo que ha representado y representa”, asegura el veterano y reconocido fotógrafo, que añade que la intervención tiene una “vocación de servicio para la ciudadanía”.
Así, su propuesta consiste en un papel fotográfico desplegable en forma de acordeón conocido como leporello, donde figuran un total de ocho imágenes que retratan el edificio desde diferentes perspectivas. Las dos primeras imágenes quieren poner el foco en la forma en 'S' tan característica del edificio y su ubicación respecto de la ciudad, mientras que el resto hacen un recorrido en el interior del espacio hasta llegar a pie de calle.
En este sentido, explica que las fotografías de la azotea no están hechas desde la Casa Bloc, sino desde otro edificio encapsulado justamente enfrente. “Aparte de que a la azotea de la Casa Bloc está prohibido subir, el otro problema es que estaba demasiado cerca del edificio para fotografiarlo bien”, recalca el fotógrafo. “Si quería que se apreciara su forma tan particular, me tenía que colocar en un lugar que tuviera la Casa Bloc inmediatamente encima”, detalla. Así pues, mientras daba vueltas por la zona e investigando la estructura, Laguillo dice que se encontró con el presidente de la comunidad de vecinos de uno de estos edificios ubicados enfrente de la Casa Bloc. “Mi suerte fue encontrarme con este vecino que me dejó subir a su azotea, que fue desde donde pude hacer las fotos y las que acabaron en el leporello“, celebra
Según Laguillo, las imágenes de la azotea también permiten ver el rastro que dejó la dictadura sobre el edificio. “Hay una parte de la fachada que parece vacía, como si tuviera un agujero”, afirma, al mismo tiempo que puntualiza que “es justamente donde se construyó cuando se hizo la ampliación del bloque fantasma, la cual se derribó en 2008”. Con todo, sin embargo, el fotógrafo asegura que el edificio todavía tiene “una cicatriz” de este pasado, un hecho que sabía que “quería fotografiar para el proyecto”.
En esta línea, el resto de fotografías destacan otras partes únicas del edificio. Por ejemplo, Laguillo insiste en que en el desplegable también ha retratado las partes de dentro de la Casa Bloc desde donde los militares hacían guardias. “Después de la Guerra Civil, uno de los bajos también se aprovechó para hacer de prisión militar, y para controlar estos calabozos hicieron unos agujeros en las paredes para vigilar el espacio, otro rasgo muy particular que he fotografiado”, remarca.
Una mirada muy propia
Frederic Montornés, curador del proyecto Passat/Present i crític d’art, fue quien seleccionó personalmente a Laguillo. Según Montornés, la gran particularidad de la intervención de la Casa Bloc es que el fotógrafo consigue hacer un “recorrido por el interior del edificio y no desde fuera, conteniendo en cada una de sus imágenes toda la vida de quienes viven allí”. Al mismo tiempo, pero, el crítico de arte insiste en que el fotógrafo lo ha hecho “sin captar, en ningún caso, ni una imagen humana, a pesar de ser espacios transitados”. “Su mirada es la de alguien que ha caminado mucho por el espacio, que ha subido y bajado mil veces las escaleras, que ha buscado unas imágenes muy concretas y después las ha vuelto a seleccionar para formar parte de un leporello“, apunta.
Además, el crítico de arte insiste en que el proyecto ha conseguido dar a la Casa Bloc “una mirada móvil” del edificio. “Laguillo no solo ha retratado cemento, vidrio y racionalismo, sino la vivencia, la historia y la experiencia del edificio desde dentro”, recalca.

De la periferia al centro
El Museu del Disseny Hub de Barcelona es quien hoy en día gestiona las visitas guiadas que se hacen cada sábado a uno de los pisos musealizados del edificio. A pesar de esta clara relación, Montornés asegura que ambas estructuras son “difíciles de vincular”. “O la gente se piensa que la Casa Bloc está al lado del Disseny Hub, o no conocen el edificio ni que depende del museo”, apunta el crítico. Por esta razón, el pasado 14 de julio se reprodujeron las dos fotografías de la azotea en un formato de grandes dimensiones en el vestíbulo del DHub
En esta línea, Laguillo asegura que las dos fotografías quieren, por un lado, reivindicar este vínculo entre el edificio y el museo y, por otro, “despertar la curiosidad del visitante”. “La Casa Bloc no está en el centro de Barcelona, sino en su periferia, y por eso era importante hacer una instalación lo suficientemente llamativa para que la gente se interesara por el edificio”, recalca.
En principio, la exposición, tanto en el vestíbulo del DHub como en la Casa Bloc, debía terminar este año, pero debido al éxito de la iniciativa, el museo ha decidido alargarla hasta el 26 de abril de 2026. “Como organizador del proyecto sí que tenía que mirar que comenzara y terminara un día determinado, pero si el museo y el artista deciden que la instalación puede continuar, la puerta está abierta, y es exactamente lo que ha pasado en el caso de Laguillo”, insiste Montornès, quien asegura que las dos imágenes “dan una gran potencia” al vestíbulo del DHub.
Unir el pasado y el presente
El proyecto Passat/Present es una colaboración entre la Direcció General de Promoció Cultural y la Direcció General de Patrimoni de la Generalitat de Catalunya. Tal como explica Ester Martínez, Responsable de programas de apoyo a la creación y artes visuales de la Direcció General de Promoció Cultural, el objetivo ha sido “dar la oportunidad a artistas en activo de trabajar en contextos no relacionados con el arte contemporáneo” y aprovechar “las miradas contemporáneas para ofrecer nuevas lecturas a los fondos de los museos y los espacios patrimoniales”.
En este sentido, aunque esta haya sido la segunda edición, Martínez reconoce que esta vez la propuesta se ha adaptado a las necesidades de los artistas y los responsables de los espacios. “La primera edición era una prueba piloto, y ahora hemos intentado que desde el inicio los espacios patrimoniales y los artistas trabajen conjuntamente desde el principio”, detalla. Esta alianza, ahora mucho más forjada que la última vez, “además de favorecer el diálogo entre el espacio y la obra expuesta”, apunta Martínez, también ha permitido a algunas exposiciones alargar su vida más allá del proyecto. Además, ha propiciado la creación de una instalación conjunta que une el pasado y el presente, en la que “ha motivado a los artistas a trabajar fuera de su circuito artístico contemporáneo para hacerlo en entornos muy diferentes y únicos”, resume.






