Han Kang. Tinta y sangre. La Magrana. (Traducción de Hèctor Bofill y Hye Young Yu)
Tinta y sangre es una de las primeras novelas que escribió la Premio Nobel de Literatura 2024 Han Kang. El relato ya anticipa con contundencia su universo literario: una escritura que desborda los límites del género negro para fundirse con un thriller de carácter poético, filosófico y existencial. No se trata solo de una hibridación genérica, sino de una voluntad deliberada de desestabilizar las expectativas del lector, que entra a la espera de una investigación al uso y sale después de atravesar una vivencia ontológica doble sobre el dolor y el lenguaje. Kang no quiere explicar un trauma: quiere demostrar la imposibilidad de explicarlo sin deformarlo. En esta tensión —entre decir y traicionar— es donde se construye todo el dispositivo narrativo. Anna Carreras i Aubets
Toni Morrison. Amada. La Segona Perifèria. (Traducción de Esther Tallada)
Sethe consigue huir del yugo de la esclavitud que la oprimía y vivir con su hija Denver en una casa encantada por el espíritu de su otra hija, muerta sin nombre. La llegada de una joven desconocida y un antiguo esclavo, Paul D, rompe con la rutina y se convertirá en un choque entre la necesidad de olvidar el pasado y la resistencia de este para impregnarlo todo. Toni Morrison añade una capa más de crueldad a la esclavitud, que tiene la perfidia de infiltrarse hasta la médula y contaminar las relaciones que puedan hacer soñar con la posibilidad de una vida diferente. La Nobel afroamericana invoca fantasmas a través de un texto fragmentado y sinuoso para mostrarnos la omnipresencia de los recuerdos y los remordimientos, que el futuro no puede huir del pasado y que la paz no llega con la libertad. Jordi Montell
Jon Fosse. El hijo. Comanegra/ Teatre Lliure. (Traducción de Laura Segarra Vidal)
En mayo, el Teatre Lliure estrenará El hijo, dirigida por Ferran Utzet, y publicada dentro de la colección «Luz de guardia», impulsada por el mismo Teatre Lliure y Comanegra. Con traducción de Laura Segarra Vidal, la obra presenta un matrimonio mayor que vive aislado en una zona rural, casi sin contacto con el vecino, y aún menos con su hijo, un joven asocial y abúlico que hace tiempo que no pasa por casa. Fosse aborda el despoblamiento rural, no para hacer denuncia social, sino para adentrarnos en una atmósfera plácidamente incómoda. El texto, lleno de repeticiones, funciona como una partitura que avanza hacia un crescendo final marcado por la irrupción violenta y deslumbrante del hijo. Bernat Puigtobella
László Krasznahorkai. Tango satánico, Cràter Edicions. (Traducción de Carles Dachs)
László Krasznahorkai, flamante premio Nobel de Literatura, debutó con esta novela maravillosa, triste y extraña. La crítica tiene la tendencia a ver en Tango satánico un comentario sobre el régimen comunista húngaro y la degradación cultural, económica y moral que se vivía allí. Krasznahorkai aprovecha cada entrevista para explicar que no era esta, su intención. Al mismo tiempo, sin embargo, avisa que sin entender la situación política de la Hungría comunista, difícilmente se podrá captar la atmósfera del relato. Krasznahorkai explica que su intención —no solo con Tango satánico, sino en gran parte de su obra— es la de reencontrar la belleza para un arte que ha devenido incapaz de seguir buscándola. Como Kafka ha encontrado una forma que le permite escribir obras de una belleza grotesca, con una lectura moral y política que, a pesar de ser vaporosa, se intuye intensamente. Joan Rius Miralles
Grazia DeLedda, la Nobel italiana
Grazia Deledda nos acerca a personajes errantes, atravesados por la duda, incapaces de encontrar una certeza estable. No hay ningún código moral que los ordene, solo la materia frágil de la que están hechos: miedos, deseos, secretos y silencios. Como sucede a menudo con los redescubrimientos, leer hoy a Deledda tiene algo de extrañamente contemporáneo. Sus novelas, recientemente recuperadas en catalán ahora que hace cien años que ganó el premio Nobel, nos devuelven una voz que, a pesar de escribir desde un contexto rural y aparentemente particular, sabe captar con una precisión sorprendente los grandes conflictos de la condición humana.
Leemos Cendra (Edicions 1984 Traducción de Mercè Ubach) y Cosima (Ela Geminada. Traducción de Maria Mariné), dos novelas que dialogan de manera profunda. En Cendra, seguimos el recorrido vital de Anania, un joven marcado por una ausencia originaria: su madre, una figura que desaparece y reaparece como una sombra persistente, condicionando toda su existencia. En Cosima, en cambio, nos adentramos en la infancia y juventud de una niña sarda que descubre, con obstinación, su vocación de escritora. El entorno es estructural y determinante y la naturaleza actúa casi como un personaje más. Quizás por eso se ha comparado a Deledda con Víctor Català: por esta capacidad de convertir el paisaje en una extensión del conflicto humano. Cendra y Cosima son dos historias que hablan de crecer —o de intentarlo—, atravesadas por la culpa, el deseo, la identidad y, sobre todo, por aquella incerteza que no abandona nunca del todo. Lo que hace Grazia Deledda es escribir desde un lugar muy difícil: la honestidad. Alba Mallada




