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David Armengol (La Capella): "Para crecer necesitaríamos un refuerzo económico más potente, que aún no ha llegado"

19 de noviembre de 2025 a las 08:00h
Actualización: 2 de diciembre de 2025 a las 12:02h
Armengol está al frente de La Capella desde 2021. Foto: Joanna Chichelnitzky

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Entrar en La Capella es como pulsar el botón de pausa del mando televisivo barcelonés. La estrecha acera de la calle Hospital obliga a dejar atrás el bullicio de la ciudad para adentrarse en lo que había sido la capilla del Antic Hospital de la Santa Creu i de la Casa de Convalescència. Después de la restauración de 1926 por parte del Ayuntamiento de Barcelona, La Capella se destinó a actividades culturales y desde 1994 se ha dedicado a presentar las obras de los artistas emergentes de la ciudad a través del programa Barcelona Producció del Institut de Cultura (ICUB).

Actualmente, al frente del espacio se encuentra David Armengol, con una larga trayectoria como comisario freelance. Sus trabajos se han expuesto en diversas salas de arte contemporáneo locales, estatales e internacionales. Su vínculo con La Capella viene de lejos, ya que entre 2016 y 2020 fue colaborador externo del centro. En 2021 ganó el concurso público que abría por primera vez el Instituto de Cultura de Barcelona para ocupar la dirección artística de La Capella. Hablamos con él para hacer un balance de los tres primeros años de mandato y para conocer los retos que aún debe afrontar el espacio.

El origen de La Capella data del s. XV y se podría decir que ha pasado de ser un espacio de culto religioso a ser de culto artístico. En 1926 el Ayuntamiento compró el edificio antiguo, lo reconstruyó y más adelante se transformó en espacio cultural. Aquí se respira historia… ¿Esto marca de alguna manera la actividad cultural que tiene lugar aquí dentro?

Sí. Creo que el hecho de que la arquitectura naciera con otra función le ha dado una identidad. Es muy significativo. Para la gente que trabajamos aquí, y para los artistas que exponen, este legado es un extra, un elemento intangible que da identidad al espacio y lo intensifica. Así como en las artes visuales, en general el espacio no suma al contenido, La Capella es todo lo contrario a un lugar neutro.

En una entrevista en Punt Avui, durante el inicio de tu etapa, en el verano de 2021, decías que “La Capella no es una sala de exposiciones”. ¿Qué es, entonces?
Creo que siempre se ha entendido como sala de exposiciones, pero yo reivindico que es un centro especializado en arte emergente y también un lugar de encuentro, ya que trabajamos con audiencias, hacemos colaboraciones y dialogamos con el contexto artístico de la ciudad.

También decías que La Capella debía ajustar el concepto de arte emergente. ¿Se ha establecido una definición propia?
Intentamos que el concepto tome distancia de la etiqueta de juventud y que se entienda partiendo de otra definición de emergente, que viene de emergencia. Para mí la emergencia es el deseo de algo que necesita hacerse y esto te puede pasar con 25 o 50 años. El arte emergente no tiene límite de edad y debe entenderse como arte contemporáneo.

Durante tu estreno dijiste que querías apostar por los artistas emergentes, pero también hablaste de novedades. La principal, la voluntad de internacionalización. ¿Crees que es fundamental tener una mirada internacional muy clara?
La internacionalización nunca será muy fuerte aquí, pero debe ser posible. El 80% de las exposiciones que hacemos provienen de Barcelona Producció, que es de convocatoria pública, y el resto son de acuerdo con las colaboraciones que hacemos con otros artistas. Esto último lo estamos haciendo a través del Programa Concèntric, que evoca la idea de las líneas concéntricas, como las que se generan cuando tiras una piedra. En nuestro caso, hay una línea fuerte, que es la ciudad, después la territorial, la estatal y la internacional. De momento, hemos trabajado con proyectos independientes de Barcelona que tienen capacidad internacional, como el Bar Project y la Homesession, que son espacios que generan residencias de artistas y comisarios, y nosotros amplificamos su actividad haciendo exposiciones con ellos. También hemos hecho un intercambio con la galería de arte contemporáneo Index Foundation, de Estocolmo, porque tenemos afinidades en la manera de trabajar.

Esta proyección, si miramos a escala metropolitana, ¿cuál sería?
La proyección metropolitana tiene que ver con esta definición de centro de arte que lleva a entender que La Capella es un lugar que se debe al contexto de la ciudad. En este sentido, tenemos el Programa d’Estudis (Programa de Estudios), que son cursos gratuitos dirigidos a quien le interesan las artes visuales. También el Programa Concèntric que comentábamos antes, que se centra mucho en Barcelona, y después está el Programa de Mediació (Programa de Mediación), que tiene que ver sobre todo con el trabajo con el barrio, que es un primer anillo muy importante. Una línea fuerte que ha ido surgiendo de manera bastante orgánica es el vínculo con los estudiantes de arte. La Capella es un espacio que pienso que debe interpelar a la gente de La Massana, de Bellas Artes, de BAU o Eina. En general, es un espacio de proximidad y esta es la principal función que realiza en la ciudad.

¿Cómo se forjan los lazos entre La Capella y el Raval?
Este es un tema muy importante y trabajamos sobre todo desde el Programa de Mediación. La escena artística que viene a La Capella ve el centro como si fuera su casa, pero creo que el barrio nos entiende desde la distancia. Entonces, intentamos tener una relación fluida con el barrio desde los contenidos. Por ejemplo, formamos parte del proyecto Apadrina el teu Equipament, de la Fundació Tot Raval, que impulsa la colaboración entre los equipamientos culturales y los centros educativos del barrio para desarrollar proyectos durante el curso escolar. También tenemos relación con la Associació Intercultural Diàlegs de Dona, que contribuye a la cohesión social de las mujeres del Raval, y también con la Biblioteca Ignasi Iglésias-Can Fabra. Es un reto constante, pero creo que estamos avanzando en este sentido.

La Capella debe interpelar a los estudiantes de La Massana, de Bellas Artes, de BAU o Eina

¿Y cómo dialogáis con las problemáticas que sufre el barrio? Pobreza, desigualdades, el conflicto de la vivienda, la masificación turística…
Dialogamos con dificultades porque muchas veces estás conviviendo pared con pared con situaciones mucho más complejas que las que pasan aquí dentro. Tenemos una relación afectiva y de proximidad con el Raval, pero en el día a día no tenemos capacidad transformadora. Ojalá la tuviéramos. Cuando el arte genera activismo, se crea una conexión muy fuerte y bonita, pero cuando el proyecto acaba, parece que también acaba la relación, pero las problemáticas continúan.

Hablemos aún del Raval, pero desde otro prisma. Estáis en la calle Hospital, donde hay una fuerte oferta cultural, tenéis el Teatre Romea enfrente y el Teatre La Biblioteca al lado, los cuales tienen bastante presencia en los medios de comunicación… ¿Qué ha fallado a la hora de sacar la cabeza a escala mediática?
Creo que en general hay una problemática de gremio. El arte contemporáneo y, sobre todo con estas franjas emergentes, no tiene reclamo, porque hay nombres que no resuenan y, además, parece que las artes visuales han quedado fuera de los medios. Hay un imaginario que hace creer que el arte contemporáneo forma parte de un terreno críptico, endogámico y que utiliza elementos que a nivel mediático no se llega o no interesan… Se cree que trabajamos para una selección muy pequeña y eso es falso. Tenemos que trabajar para amplificar las audiencias porque en un centro de arte pasan cosas significativas para leer la contemporaneidad.

Tenemos una relación afectiva y de proximidad con el Raval, pero en el día a día no tenemos capacidad transformadora

La crítica hacia los medios, si la quieres hacer, también nos interesa…
Hay unas inercias hacia lo macro que hace que lo micro, o lo menos espectacular, siempre sufra. Supongo que, además, como hay poca gente dedicada al periodismo cultural o a la crítica de arte, los pocos que existen no venden. Los medios deberían tener ganas de cubrir este tipo de propuestas… Hay periodistas que nos han dicho que venían, y a la mínima que ha coincidido con la programación de una estructura más grande, no han hecho.

Armengol, en uno de los espacios de La Capella. Foto: Joanna Chichelnitzky
Armengol, en uno de los espacios de La Capella. Foto: Joanna Chichelnitzky 

No hemos hablado de una de las otras aspiraciones que había en el momento de tu estreno, la de aspirar a un mayor presupuesto. ¿Estás satisfecho del apoyo económico que ha tenido La Capella por parte del ICUB desde que aterrizaste?
Hay un aspecto muy positivo en La Capella, y es que tiene una partida económica estable y correcta dedicada a Barcelona Producció, pero es cierto que la expectativa y el deseo de crecimiento que tenemos necesitaría un refuerzo económico más potente, que aún no ha llegado. Pero no está mal lo que hemos podido hacer y lo que estamos haciendo.

Hay unas inercias hacia lo macro que hace que lo micro, o lo menos espectacular, siempre sufra

A mediados de 2025 acabará tu mandato. ¿Habrá posibilidad de prórroga?
De momento las cosas están funcionando. Yo ahora mismo tengo ganas y me gustaría estar en la dirección hasta el verano de 2026. Hoy por hoy, la situación es optimista tanto por mi parte como por la de la institución.

¿La trayectoria que llevas te permite hacer un primer balance?
Puedo decir que lo que yo presenté hace tres años lo estamos haciendo. Hemos trabajado desde cero, desde un dossier que se ha convertido en algo real. Hay que tener en cuenta que somos un centro de arte con un equipo muy pequeño, somos cuatro personas, además del jurado que acompaña a los artistas. Como balance, yo diría que hemos mantenido lo que era históricamente La Capella y hemos introducido algunos cambios con los que hemos mejorado Barcelona Producció y lo que supone a la ciudad. Todos los programas que hemos puesto en marcha han permitido entender La Capella de manera más porosa y hemos insistido en la función de centro de arte a partir de las colaboraciones y el trabajo en red. Estamos en vías de consolidar un programa de estudios que se llama Escuelas de Contexto que, si todo va bien, en octubre empezará la tercera edición. También hemos empezado a tener un poco más de fuerza con el barrio y los centros educativos. Y, por otro lado, hemos ampliado el recinto en sí y ahora hacemos exposiciones en el vestíbulo, en la entrada, en la antigua oficina…

¿Es demasiado pronto para preguntar qué le dirías al próximo director o directora de La Capella?
Le diría que, en lugar de aportar su deseo personal, es necesario que esté lo más atento posible a entender el contexto de las artes visuales, que están formadas por muchos circuitos. Yo, de hecho, soy comisario y mi perfil es curatorial, y en vez de pensar proyectos para traerlos aquí, he aplicado mi visión curatorial a la estructura de La Capella. Hay que pensar cuál es la mejor lectura y qué apoyo podemos dar al contexto de las artes visuales en Barcelona y eso va por encima de los intereses personales.

Las artes visuales han quedado fuera de los medios

¿Qué crees que se te quedará en el tintero?
Muchísimas cosas… Para empezar, consolidar la relación con el barrio, que yo creo que es un trabajo que llevará años. Además, yo querría que quien visita La Capella no se encuentre solo una exposición, sino que sea participante de todo un marco contextual y de una forma de entender las artes visuales, y la manera de hacerlo sería, por ejemplo, coproduciendo con una dirección o un equipo de otro centro que le interese Barcelona. No lo hemos hecho porque no tenemos un dibujo económico suficiente y esto nos lleva a un espíritu individualista, pero coproducir sería fantástico porque así te aseguras de que las muestras pasan a dos lugares. Y, finalmente, creo que hacer publicaciones sería otro reto, ya que históricamente se había hecho. Queremos publicar menos y distribuir más. Yo creo que acabará mi mandato y no habremos conseguido muchas ideas que tenemos en mente…

Armengol tiene contrato hasta 2025 con posibilidad de prórroga de un año. Foto: Joanna Chichelnitzky
Armengol tiene contrato hasta 2025 con posibilidad de prórroga de un año. Foto: Joanna Chichelnitzky 

 

 

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