Durante muchos años, Barcelona fue considerada la meca mundial del skate. Sus plazas, sus calles y su arquitectura convertían la capital catalana en un escenario único que atraía a patinadores de todo el planeta, marcas internacionales y revistas especializadas que querían inmortalizar el movimiento. Entre las personas que mejor han sabido explicar esta época se encuentra Julien Deniau.
Fotógrafo, cineasta, pintor y patinador francés, vive en Barcelona desde hace mucho tiempo. Durante más de treinta años ha trabajado como fotógrafo freelance para revistas de skate europeas e internacionales, y también como filmmaker para la televisión francesa. Su cámara ha recorrido calles de medio mundo, pero una ciudad ocupa un lugar especial en su imaginario: Barcelona.
Ahora Deniau presenta Barcelona Streets, una exposición fotográfica y una proyección de vídeo en Ciutat Vella, en la galería Bien Cuadrado Studio hasta el 28 de junio. Una muestra donde combina fotografía analógica y digital y donde el artista hace un recorrido por la escena skater barcelonesa entre los años 2000 y 2020.
Dos décadas mirando Barcelona patinando
La exposición está dividida en tres niveles. El primero es una retrospectiva del movimiento skater en Barcelona, una mirada documental a una época en que la ciudad era un punto de encuentro internacional. "Barcelona era considerada la meca del skate en el mundo. Venían todas las marcas, todas las revistas internacionales querían hacer fotos aquí", explica Deniau. Durante estos años llegó a acumular más de un millón de imágenes relacionadas con esta cultura.
El segundo espacio muestra una Barcelona más personal, observada desde diferentes puntos de vista entre 2007 y 2015. Calles, plazas y rincones cotidianos que, gracias a la mirada del artista, explican escenarios que se convirtieron en espacios de memoria colectiva para el movimiento.
La tercera parte, titulada Reflections, juega con los reflejos en charcos, espejos y superficies urbanas para mostrar diferentes ángulos de este mundo. Una manera de mirar la ciudad que va más allá de la simple fotografía deportiva.
Además de las fotografías, la muestra incluye una proyección de vídeos grabados durante aquellos años, cuando Deniau también documentaba skaters de diferentes barrios de Barcelona.
“El skate es mi vida desde los años noventa”
Para entender su obra hay que entender su relación con esta práctica. El fotógrafo no es solo alguien que ha fotografiado esta cultura, también forma parte de ella. Y aquí hay un punto que le diferencia del resto de fotógrafos que se han acercado al movimiento. Él mismo patinó durante muchos años, con patrocinios como el que tuvo de Adidas, participando en competiciones y giras. También fue protagonista ante la cámara antes de convertirse en quien estaba detrás del objetivo.

Mucho más que arte
Para él, todo ello es mucho más que un deporte: "Yo he vivido el skate desde dentro, lo vivo desde dentro. Es mi vida desde los años noventa. Mi vida social también gira en torno a esto". "El skate es arte. No es solo patinar: también es el arte que hay en las tablas, la estética, la forma de vestir, la filosofía de vida. Durante muchos años era una cultura underground, éramos los rebeldes, una tribu urbana", añade.
Una mirada que también explica su evolución artística. En 2005 empezó a pintar y dibujar, buscando una nueva forma de expresarse más allá de la fotografía y el vídeo. Con el tiempo, las propias tablas de skate se convirtieron en su lienzo principal. Y ahora es en lo que trabaja: crea esculturas a partir de monopatines usados.
Actualmente, es artista residente en la galería Artevistas Gallery, donde expone parte de su trabajo escultórico.
En 2020, Deniau dejó prácticamente de fotografiar después de que le robaran la cámara analógica, pero también sentía que era el momento de buscar nuevos caminos. Ahora está centrado sobre todo en sus esculturas con tablas recicladas. "Aunque ahora haga otras cosas, el skate sigue presente en todo lo que hago", relata.

Una Barcelona menos amable con estas prácticas
Instalado en el Raval, este fotógrafo y artista explica que estos años le han permitido descubrir una Barcelona que muchos barceloneses desconocen: “He podido ver una Barcelona diferente. A veces creo que conozco más la ciudad que muchas personas que han nacido en ella". Ahora, sin embargo, cree que la época dorada que vivió Barcelona como referente mundial del skate ha quedado atrás. Explica que observa con preocupación los cambios que ha sufrido la ciudad y considera que el espacio urbano cada vez deja menos lugar para esta práctica.
“El skate no es como ir a jugar a pádel o a bádminton. Un skater sale patinando de casa. Forma parte del trayecto, de la ciudad. No es una actividad que solo haces cuando llegas a un lugar habilitado”, dice Deniau con resignación, que recuerda especialmente espacios emblemáticos como la plaza dels Àngels, delante del MACBA, o la plaza dels Països Catalans, en Sants, lugares que durante décadas han sido referentes para la comunidad. Unos espacios que ahora se encuentran en obras y que no se sabe muy bien si volverán a ser como antes, ni si se podrá seguir patinando. En esta línea, considera que cada vez más las instituciones quieren crear espacios específicos para patinar sin entender su práctica y reivindica el trabajo de colectivos que luchan por preservar espacios como la plaza dels Àngels y la dels Països Catalans. También pone en valor iniciativas autogestionadas, como las que impulsan los patinadores que construyen sus propios espacios con cemento, como ocurre en el Parc del Poblenou o en la Bòbila de Badalona y recuerda la recuperación de lo que se considera el primer skatepark de la provincia de Barcelona, situado en Arenys de Munt, un espacio que había quedado abandonado y que la comunidad rescató del olvido.
Una exposición abierta a todo el mundo
Con Barcelona Streets, Deniau invita tanto a los amantes del skate como a aquellos que nunca han tenido contacto con este universo a descubrir una cultura que va mucho más allá de un deporte. Una manera de entender la ciudad, el arte y la libertad que se refleja en cada una de sus fotografías. Una pasión que también transmite cuando habla de su recorrido vital y de una escena que ha vivido desde dentro. Porque, después de más de treinta años detrás de la cámara, sigue mirando este mundo con los mismos ojos que cuando empezó: los de alguien que no fotografía simplemente una escena, sino una forma de vivir sobre ruedas.




